La sexualida sufrida
parte II
Tratamiento de los menores victimas de abusos
sexuales y de su familia.
Pr.
Jean-Yves Hayez [1]
AGRADECIMIENTOS :
Le doy muchísimas gracias a la Pra
Ana Teresa van der Horst ( Instituto Tecnológico de Santo Domingo )
que realizó con mucha sensibilidad la traducción al español de mi texto
francés.
Y también al Dr Guy De Saedeleer, mi webmaster, que concibió y
arregla mi sitio con muchísima amabilidad y capacidad.
PRIMERA PARTE : GENERALIDADES
Capítulo I : Consideraciones
generales
Comenzaremos con la descripción de
las necesidades fundamentales de los niños víctimas de abusos sexuales.
Examinaremos después la manera en que muchas sociedades se organizaron para
hacer frente a esa situación y evaluaremos sus resultados.
I. Necesidades fundamentales de los niños-víctimas.
A. “ Primum non nocere ” ( En
primer lugar, no hagas daño ) : Es imperativo que el
establecimiento del aparato institucional que
pretende ayudar, así como las intervenciones concretas
de los profesionales, no tengan un efecto más traumatizante
que el maltrato mismo. ¡Ese riesgo no es teoría pura : parece que la mitad
de los niños que denunciaron abusos sexuales, finalmente lamentaron haberlo
hecho! El niño no discrimina entre buenos y
malos agresores ¡él quiere sufrir menos, y punto ! Tenemos mucho que ganar
en discreción, en consideración verdadera hacia su persona, en generosidad, en competencia técnica, en coordinación,
en el domino de nuestras emociones, etc., para que se reduzca de manera
significativa el fenómeno de la traumatización secundaria.
B. Romper el muro del silencio y beneficiar de
una presencia de comprometida y benévola, cariñosa, a su lado. La presencia de algunos de sus allegados, si
posible, la presencia de un amigo, presencia de profesionales … a todos
esos acompañantes “ que aceptan de saber ”, les
corresponde:
- Escuchar; animar el niño liberarse de lo que tiene en
el corazón, a comunicar sus incertidumbres y preguntas ;
“ ¿Cuando y por qué eso fue lo más difícil? ” “ ¿Tienes
preguntas que todavía te pesan, hoy en día, a propósito de todo eso? ¿Aún
tienes inquietudes? ¿Hay todavía cosas que non entendiste? Busca
bien …” Le toca entonces al niño pronunciarse, ¡y lo que dirá será tal vez
sorprendente!
- Resistir al reflejo de retomar y de
corregir lo que dice con demasiada rapidez, en lo que se refiere a emociones de
“ mamá-gallina ”; aceptar, primero, la presencia de sus emociones y
de sus ideas tal como las siente espontáneamente :
Si él dice « Es mi culpa », no
hay que lanzarse demasiado rápido en la edulcorada actitud americana de
decir. “Pero no, querido, entiende bien que no es tu
culpa”. Esforzarse más
bien en explorar, de acabar al fin de cuentas por diferenciarse, o sea decir lo
que piensa : “ ¿Tu culpa, según tu, concretamente, consiste en
que ?”
- Dar al niño esa oportunidad única de ser creído
porque lo que nos cuenta es plausible e indicárselo, aún si, posteriormente,
los expertos profesionales tendrán que analizar mejor lo que dice ; ¡por
lo menos, reconocer su sufrimiento bien presente !
- Comprometerse : compartir emociones e
ideas ; tomándose su tiempo, desligarse, delicadamente y respetuosamente,
de las ideas falsas más toxicas del niño ; poder indignarse, tranquilizar,
consolar el niño, repetirle el valor que él sigue teniendo como ser
humano ;
- Comprometerse concretamente en los procesos de
protección y de mejoramiento de las relaciones, de los cuales hablaré más
adelante ;
- Hablar de otras cosas ; no reducir al niño a
su dimensión de “ victima de maltrato ” ; interesarse con él por
los intereses positivos que él conserva, por sus otras ideas, cuestionamientos
y puntos de sufrimiento.
C. Proteger concretamente el niño, tanto de las
reincidencias de abusos como de un ambiente de vida dañino. Comprometerse personalmente con el
proceso ; supervisando la evolución y sin nunca confiar ciegamente en las
promesas oficiales de las instituciones.
Es importante que alguien – ¿el primer
confidente escogido por el niño? – lleve consigo un sentimiento o necesidad
de ser solícito, atento, y de responsabilidad a largo plazo.
·
En la mayor parte de los casos, lo que
ocurre en las instituciones es más bien friolento y vacilante: los sospechosos
niegan vehementemente, y lo otros elementos no están siempre completamente
seguros ; los servicios institucionales están desbordados o rivalizan
entre ellos. Entonces, siempre estará
necesario el coraje determinado de uno u otro profesional, los más generosos,
los menos timoratos, para seguir delante. ¡Pasando por los inevitables momentos
de duda ! Esforzándose por evitar actitudes contra-productivas como el
activismo, la precipitación, la falta de discreción … y sus
contrarios : la ritualización burocrática o el soberbio aislamiento.
Entonces, ciertas medidas de protección realistas pueden
ser programadas, pero que a veces requieren la separación de la pareja de los
padres, o del niño con respecto a su medio familiar de origen.
·
Tanto por razones preventivas, como para remediar, hay que
acordarse que el niño puede participar en su propia protección, por lo menos a
partir de una cierta edad y en la medida de sus fuerzas y de su inteligencia.
Puede hacerlo tanto utilizando estrategias de prudencia y de prevención, como
diciendo “No” de manera más firme y bien motivada. Todos los agresores
potenciales no son sicópatas, lejos de eso …
muchos de ellos son seres miserables o seductores que hacen tentativas, pero a
quienes el niño puede poner en su lugar. Sobre todo si los potenciales
agresores tienen la intuición de que, además, el niño no está dispuesto a
quedarse callado.
· Y ciertamente, el niño puede buscar un
suplemento de ayuda en su entorno, a veces incluso en los amigos o en su grupo
fraterno. La vigilancia, la solidaridad, la determinación del conjunto informal
y sano de los que rodean el niño pueden entonces constituir una ayuda preciosa,
sin necesariamente
transformarse en vengadores de la extrema derecha o cubrir sistemáticamente de
oprobio al agresor.
● Las raras veces que no se puede
mejorar la protección material, incluso en el marco de un compromiso valiente,
uno puede esforzarse en mantener el contacto con el niño y abrir su mente a la
realidad interior y a la integridad
espiritual: un adulto tiene tal vez el poder de hacer daño a su cuerpo de
niño, pero nunca puede apoderarse de su alma. Si el niño lo quiere con todas
sus fuerzas, lo mas puro de él mismo - es decir su ser espiritual –
permanecerá fuera de alcance.
D. Si las circunstancias lo permiten, los niños
van a beneficiarse del hecho de que uno aprovecha las circunstancias para
mejorar las condiciones sociales de su familia o la calidad del tejido
relacional en el que viven.
Sin embargo, van a apreciar de una manera más fundamental
el hecho de que se les trata como sujetos humanos, y ya no más como objetos del dominio o voluntad ajena. Es necesario entonces tomar en serio sus
“ Sí ” y sus « No » en relación con los proyectos que se
les proponen, especialmente los proyectos psicoterapéuticos.
E. A los niños no les gusta que sus desgracias sean contadas
por todas partes, por lo que tenemos un deber de discreción para con ellos. En
el marco de esa discreción, sin embargo,
muchos llegan a apreciar el reconocimiento social del prejuicio sufrido.
Social significa : por lo menos por parte de un pequeño grupo de personas
allegadas. Van a apreciar también que el agresor sufra una sanción social o
penal, y si posible una reparación concreta de la
falta. Sin embargo, no siempre quieren cortar todos los lazos con él.
Capítulo II.
El tratamiento : encuentros
verbales de los protagonistas.
I.
Consideraciones generales
- El proceso de encuentros verbales o entrevistas será más fecundo en la
medida en que sea sistémico e incluirá, al lado del niño, los adultos que pueden
ser sus aliados o protegerlo. En unos casos de abuso intrafamiliar, uno verá
incluso la necesidad de realizar terapia de pareja, o incluso de módulos de
encuentro con el abusador y otros miembros de la familia ( Hayez, de
Becker, 2002 ).
- Los encuentros verbales pueden consistir en conversaciones
( solicitadas por los profesionales ) o/y en psicoterapias
( pedidas por los interesados, con la intención de mejorar su
estado ) ( Hayez, 2007, p.110 y siguientes ) : para
nuestros interlocutores, siempre hay que clarificar el contexto en que uno se
encuentra.
- Es ventajoso añadir acciones al tratamiento
verbal : estimulación de actitudes de preocupación o solicitud social por
parte del entorno informal, mejoría social de la situación de la familia
( a veces ) ; reparación del prejuicio ( entre
otras : sanción del abusador ), etc …
Nota : En las paginas siguientes, no vamos a
describir el tratamiento verbal individual de las personas autores directas de
abusos.
II. Encuentros verbales con el menor que
sufrió el abuso.
A. Frente al terapeuta, se encuentra a la vez
un niño ( en proceso de construcción general de su personalidad ) y
una víctima ( la dimensión de su
ser fue modificada por el abuso y su contexto ) : ¡hay que ocuparse
de “ los dos-en-uno ”
con el mismo interés !
De hecho, en ciertos momentos uno sigue el curso espontáneo del pensamiento del
niño y de su expresión verbal : eso puede ir hasta aceptar su decisión de
decir “ No ” a la continuación de los encuentros.
En otros momentos uno interviene verbalmente para
intentar hablar de cosas distintas a las que el niño trae a colación espontáneamente, sin
forzarlo.
Por ejemplo, si él se focaliza
indefinidamente en las dimensiones generales de su ser : hay que
escucharlo, seguir su ritmo y, después de haber tomado el tiempo de
tranquilizarlo, hacer referencia a la vivencia del abuso. Si él se focaliza
espontáneamente, pero regularmente en su vivencia de víctima, hay que
proponerle más tarde o más temprano que hable de “ otra cosa ”.
B. Hablar de las
dimensiones generales de su vida.
“ ¿De que te gustaría que habláramos
hoy ?”
● Intereses ; fuentes de placer,
preocupaciones, escolaridad, vida de familia …
● Focalizarse de manera más intensa en temas
capaces de mantener o de acrecentar la autoestima ( actividades en las que
tiene éxito ; opiniones de importancia para él ).
● Tratar de volver a crear la estima por el propio
cuerpo, si ésta fue afectada. Y hacerlo con delicadeza …
Por ejemplo : apreciar su
look ; animarle a cuidar de su cuerpo ; animarle para que realice
actividades que valorizan el cuerpo ( baile, deporte …). Si el niño
ya se siente en confianza, pequeños toques amigables sobre su cuerpo pueden
también contribuir ( por ejemplo un beso de adiós …)
C. Hablar de la
vivencia del abuso, y también de la sexualidad.
Tomar una alusión, una ocasión al vuelo, o tratar de manera
mas directa : « ¿Y si habláramos ahora de aquella parte de tu
vida ? ». A continuación, las intervenciones que podrían ir a
seguidas, indicadas en desorden :
1. Reconstituir con él algunos pedazos
importantes del rompecabezas del proceso. Velar por que sean contados algunos hechos
concretos, con bastantes detalles. Hacerle repetir también las relaciones
establecidas en el momento del abuso, las palabras intercambiadas, el papel de
cada uno, los sentimientos vividos por el niño, las ideas y preguntas que él se
planteó en el momento mismo.
Manifestar empatía ( tristeza, indignación ) pero sobriamente ( moderadamente ), sin
inundarlo. Limitarse a escucharle bien, invitándole precisar unos detalles
( Desde “ ¿Cómo él hacía para meterte miedo ?” hasta « ¿Qué era lo que te pedía que hicieras con tu binbin
( pene ) ?”)
Hacerle contar, al menos una u otra vez, los intercambios
corporales sexuales que existieron: eventualmente ayudarle un poquito, sin
sugestionar, para mostrar que nosotros
conocemos esas cosas de la vida y que no es tabú hablar de eso (“ ¿Viste
líquido salir de su sexo ? ¿Como era ? ¿Adonde fue ese líquido ?
¿Después de esa penetración, que tu sentiste ? ¿Tuviste problemas con tu
cuerpo ?” Etc.) Sin obligarle a entrar en los últimos detalles si él
no lo hace espontáneamente.
Volver a plantearlo de vez en cuando : “ ¿Hay otras cosas que ocurrieron, o
cosas que no pensaste (… o que no te atreviste ) a decirme hasta
ahora ?” ” Si un día te
acuerdas de otra cosa y que quieres hablar de eso, puedes hacerlo …”
2. Dentro de esa narración o fuera de ella, ¿le
quedan más preguntas que él se plantea todavía hoy en día ?
¿Preocupaciones que todavía arrastra consigo ? Preguntárselo o tomar la
iniciativa de plantearlas, como eventualidades vividas por ciertos niños.
Surgen entonces temas como : “ ¿Voy a verlo otra vez ? ¿Va a vengarse ? ¿Está mal el haberlo
contado ? ¿Está enfermo ? ¿Voy yo a actuar como él ? ¿Mi cuerpo
está dañado ? ¿Esta mal que yo lo haya
hecho ( el hecho de que yo
tuve placer, que yo lo haya provocado ?”.
3. A seguidas, abrir la posibilidad de
preguntas sobre el programa de manejo o tratamiento existente : “ ¿Que va a ocurrir conmigo ? ¿Y mi familia ? ¿Tendré que ir al
Tribunal ?”
4.
Compartir ideas fundamentales sobre la sexualidad, la agresividad, el derecho y
el deber de protegerse, las Leyes naturales y las reglas, etc … ;
ocuparse también de la información sobre el cuerpo y la sexualidad.
5. Discutir una autoprotección más eficiente en
el futuro ; entrenarlo.
6. Hablarle al niño de lo que él siente hacia
el abusador y de sus relaciones con éste en el futuro : eventualmente, el
derecho de no perdonar, derecho al odio, el sentimiento de injusticia por el
hecho de ser colocado en una institución o en otra familia ; ( para
los de más edad, en ciertos casos: escribir una carta al abusador ).
Pero que haya también posibilidad de
ambivalencia, de perdón, de reconstrucción del vínculo. Es posible también que
ciertos niños estén moralmente de acuerdo con lo que ocurrió : el tabú del
incesto o de la sexualidad intergeneracional les es ajeno : hay que
escucharles y reaccionar tranquilamente en relación a su deseo de
continuar.
N.B. A veces, resulta conveniente trabajar en
( pequeños ) grupos de niños, pero sin salvajismo …
III. Encuentros verbales
con los aliados potenciales del niño víctima.
“ Trabajar ” solamente con el
niño víctima de abuso es un “ mejor que nada ” o un “ remedio
para salir del paso ”, al cual uno a veces se ve reducido ( por
ejemplo cuando se trata de niños totalmente rechazados ).
Cada vez que uno programa que él se mantenga
en contacto con su familia, hay que buscar “ aliados protectores ”
capaces de apoyarle al nivel afectivo y de protegerlo mejor en el futuro.
En muchos casos, uno pensará primero en la
madre del niño: es importante encontrarla sola ( de inicio ) y
después, si las cosas marchan bien, prever encuentros de tipo didáctico
( ver más abajo ) : ¿Cómo entiende ella lo que ocurrió ?
Sus sentimientos, sus interrogaciones, su rol ? ¿De quien se siente ella
próxima ? ¿Contra quien siente cólera ?
Ciertas madres se sienten muy culpables por
no haber visto nada, están indignadas contra el abusador y listas para apoyar
al niño ( hasta poner fin a su pareja de adultos ).
Pero ese no es sistemáticamente el
caso : otras están mucho más ambivalentes o enfadadas con el niño.
Trabajar con ellas requiere entonces mucha
paciencia, y el dominio de nuestra contra-transferencia ( que nos hace
desear que ella funcione como una reparadora ideal ) : primero hay
que tomarla como ella es, ayudarla reflexionar y no tomar una decisión
precipitada.
¡Si uno puede ayudarla a aproximarse al niño, entonces
mejor !
Si no, hay que tomar nota y buscar otras alianzas para el
niño.

IV. Los encuentros
verbales con la familia
Realizarlos en los casos de incesto
( incluso si fue perpetrado por un miembro de la familia
extensa ) ; a veces incluso en los casos de pedofilia ( para
restaurar la serenidad familiar y asegurar una protección mejor del niño en el
futuro ).
El cuadro anterior da una presentación
esquemática y cronológica de ello.
Algunos principios :
- No precipitarse : es conveniente
comenzar a trabajar con individuos, al tiempo que uno se sitúa dentro de una
perspectiva familiar ; entre otras cosas preparando encuentros más
amplios en el futuro.
- No hacer trabajar juntas las díadas y otros
sub-grupos, a menos que uno esté moralmente convencido de antemano que la
atmósfera será más positiva que negativa: es decir, si las personas implicadas
desean invertirse o reinvertirse mutualmente, y no solamente justificarse acusando al otro.
- ¡El perdón no puede ser impuesto ; no
se puede imponer encuentros con el abusador a quienes no lo quieren !
V. Unas aplicaciones particulares.
A. El hecho que el terapeuta del niño sea un
hombre o una mujer puede tener cierta importancia; hay que reflexionar …
En las sesiones con intención
terapéutica, también se debe reflexionar bien sobre la cuestión de la
confidencialidad.
Algunos niños no quieren una ayuda
psicoterapéutica : en principio, no se les obliga ; lo que no quiere
decir que uno se precipita en poner fin a las sesiones: más vale entender por
qué dicen que no, e intercambiar con ellos algunas ideas antes de avalar lo que
plantean. Uno puede reconvocar esos niños, por ejemplo cada tres meses, para evaluar
la evolución de su estado y de sus motivaciones …
B. Los
pequeñitos.
Ciertamente, no hay que apresurarles. La
evocación verbal directa de las agresiones sufridas les resulta muchas veces
imposible, o se acaba rápido. ¿Una alternativa fecunda ? Introducir dentro
de dibujos, de cuentos o de juegos de marionetas, pequeñas escenas de agresión,
sugiriendo maneras más o menos realistas para enfrentarlas ( una victoria
puramente imaginaria … decir que NO ) ; haremos participar
directamente el niño en la victoria frente al agresor.
A través de ese medio de los juegos
imaginarios o simbólicos, uno puede introducir cantidad de temas delicados
( por ejemplo “ Es la hora del baño en la noche … entonces el
pequeño protagonista del cuento se encuentra totalmente desnudo … con tal
adulto, bondadoso o hostil ) : tratar ahí la diferencia de los
sexos, la integridad sexual, el hacer respectar su cuerpo, el por qué ciertos
adultos no lo respectan, etc …
C. Los niños que fueron
“ encendidos ” precozmente.
Hay que estar vigilantes : ellos
tomaron hábitos que les resultan placenteros, y de los cuales no se
deshacen fácilmente, a pesar de unas
eventuales promesas ( sinceras o mentirosas ) ; nos corresponde
también a nosotros bien ocuparles en una vida atractiva.
Hay que hablar abiertamente de
sexo con ellos y vigilar que sus ideas sobre este sean claras :
- Para ellos como para cualquier, está
prohibido hacer daño, ( violencias sexuales, proposiciones a niños mucho
mas jóvenes …)
- Les está prohibido cometer actos degradantes ( hundirse en las perversiones ).
- En un grado menor de intensidad, uno les
pide también que respecten las reglas socioculturales vigentes en su entorno
( por ejemplo, nada de relación sexual, incluso con consentimiento, antes
de cierta edad … o dentro de una institución residencial ).
Hay de tratar de no
entrar en una escalada negativa con ellos, sino compartir ideas acerca del
sentido y de los valores ligados a la sexualidad. Sobre todo que no confundan
“ hacer daño ” ( hacer sufrir el prójimo ) y transgredir
reglas sociales ( tener una sexualidad precoz con un compañero
consintiente ).
D. Los niños y adolescentes muy traumatizados que parecen descargar pesadas
tensiones agresivas o sexuales al agredir de manera diferida a los más débiles.
Realizar sesiones, eventualmente impuestas, porque uno quisiera conocerles
mejor y que su sexualidad ( agresividad ) sea más sociable.
- No hay que verles como si lo único que nos importara de
ellos es su problema ; interesarse en ellos de manera general.
- Hacer que relaten los hechos ; ponerles en
relación con su pasado penoso … pero sin imponerles mentalmente vínculos
de causalidad (“Tu también, antes, sufriste de maltratos sexuales. ¿Que fue
lo que ocurrió ?”).
- Escuchar sus preguntas, sus impresiones sobre sus motivaciones
actuales.
- Intercambiar ideas sobre la sexualidad; la agresividad,
el Bien y el Mal, lo permitido y lo prohibido, la libertad y las presiones
exteriores, la impulsividad … Examinar con ellos, de la manera más
concreta posible, cómo pueden manejar su agresividad y su sexualidad de una
manera diferente.
- Buscar con ellos y entrenarles para que se procuren
soluciones rápidas en el caso de presiones sexuales urgentes ( refugiarse
donde un adulto de referencia ; golpear en un
“ punching-ball ” ; incluso la masturbación rápida y sin fantasías ).
- Buscar junto a ellos cómo reparar el daño causado a la
persona que ellos agredieron.
Ellos pueden ser ingresados en una institución porque ya han sido autores
– o victimas – de abusos sexuales. En otros casos, ellos sufrieron el
abuso, pero ese no fue el motivo principal de su ingreso. Otros están poco
socializados o poco conscientes de sus derechos. Las consideraciones que siguen
están dirigidas hacia todas las categorías de niños colocados en instituciones.
1- Desconfiar
de los etiquetajes rápidos y falaces :
“ Es un abuso, lo que ocurrió en los
baños ” ; “ Esos dos menores fueron las
víctimas ” ; “ Eso fue porque él(ella) fue abusado(a) que
él(ella) recomenzó ”.
a. Todo lo que se parece a un abuso no lo es
necesariamente.
1°) Los falsos abusos : mentiras de quienes se hacen
pasar por víctimas; manifestación de una dimensión dominante-dominado,
frecuente en la sexualidad.
2°) Los verdaderos abusos : ver en el libro
« La sexualité des enfants » ( la sexualidad de los niños )
( J.-Y. Hayez, Odile Jacob 2004, paginas 99 y siguientes ).
B. Todo lo que se parece a una victima no lo es
necesariamente.
Después de ser revelada una actividad sexual
desaprobada por el adulto, uno ve muy rápidamente surgir un polo “ autor
– iniciador – ( ¿abusador ?) ” y el otro polo que uno
se representa como ” seguidor – sumiso – ( ¿víctima ?) ”.
Pero, si uno analiza de una manera más fina las motivaciones, aparecerá en ese
segundo polo :
- Tal niño consintiente y ( casi ) listo para
reconocerse como tal. El reconocerlo está relacionado con una verdadera madurez
que le hace tomar sus responsabilidades, o porque él quiere que conste el
bienestar afectivo que ahí encuentra, o relacionado con su necesidad de
desafiar los adultos y de posicionarse en el mundo de los grandes. ¡Uno u otro
pueden a veces lamentar posteriormente lo que hicieron, pero ser sin embargo lo
bastante honestos para afirmar que eran consintientes !
- Tal niño consintiente, pero que lo niega con vehemencia
( para preservar su imagen social, para no ser castigado …)
- Tal niño pasivo, sometido de antemano, ( a veces
un poquito ambivalente ), que no pudo expresar claramente su
« No ». Esa dificultad es habitual, y no está específicamente ligada
a un lado concretamente espantoso del iniciador. Hay también el niño
ambivalente, vacilante. A veces yo designo esas situaciones, frecuentes, como ” semi-abusos ”.
- Tal niño, indiscutiblemente víctima, del
“ No ” que el agresor no tuvo en cuenta.
Uno adivina fácilmente todas las formas intermediarias
que pueden existir.
C. La sexualidad de cada uno prosigue su camino
de desarrollo propio. No hay entonces que decir demasiado rápido que
“ porque él ha sido abusado ”, en la continuación de su vida,
tal niño se comportará de nuevo según la polaridad “ autor ” o
“ víctima ”. Esa simplificación no aporta nada bueno. Cierto, las
experiencias vividas en el pasado dejan huellas en él. Pero muchos otros factores
pueden intervenir y, además, él no perdió toda su libertad interior ni toda su
lucidez en relación a sus proyectos futuros.
2. El trabajo con el menor.
1°) Si resulta que el autor de la actividad es
verdaderamente un abusador, las grandes líneas del trabajo están expuestas en
el libro « La sexualité des enfants ( La sexualidad de los
niños ) » página 255 y siguientes.
No es seguro que la única sanción justa y constructiva sea excluir el
joven de la institución. Ni tampoco que sea ineluctable reportar su exacción a
las autoridades judiciales : considerar caso por caso, en lo que respecta a lo que uno
haría con un niño viviendo en una “ buena familia ”, y que uno
quisiera sancionar de manera significativa.
2°) A título preventivo, insistimos otra vez sobre la función de vigilancia
de los adultos ( se sabe bien que los adolescentes viven en parte de
noche … ¿sería prudente que ningún adulto vigile ?), y sobre la
vigilancia de la ocupación del tiempo y de que les resulte atractiva la vida
dentro de la institución. Por ejemplo, ¿dónde los de mayor edad pueden invertir
su exceso de energía ?
3°) Hay que conversar con todos, y sobre todo con los más
jóvenes, sobre su derecho y su deber de autoprotegerse o/y pedir ayuda frente a
todo tipo de ( amenazas de ) agresión. Con ejercicios prácticos en
pequeños grupos y ejemplos concretos : “ Digamos que, dentro de
los baños de la escuela, un grande quiere tocar su binbin
(pene) … mirar su cuca (vulva) ? Que podrían ustedes
hacer ?”.
4°) Es frecuente que la actividad sexual que ocurrió sea
informalmente conocida por todos. Entonces, es posible evocarla sobriamente en
reuniones con los niños ( eventualmente en subgrupos de edad ), con
las personas implicadas presentes. Esa sería la ocasión de tener una discusión
sobre la sexualidad, las reglas, lo que se espera de cada uno en el futuro,
etc.
5°) Si no se trata de un abuso, sino únicamente de una
trasgresión de las reglas – con el asentimiento de cada uno de los
participantes -, cuidado con los comentarios emitidos : las personas
incriminadas no hicieron nada malo ; ellas hicieron algo
imprudente, desafiaron el orden de los adultos. La sanción ( de todos )
tendrá que ser adaptada en consecuencia, tan concreta y constructiva como sea
posible.
6°) En ciertos casos subsiste
una duda: ¿es abuso o es acto consentido ? El menor protesta diciendo que
él no quería, pero … En un momento dado, uno debe poner fin a la
investigación y reaccionar claramente, tomando acta al mismo tiempo de que hay una duda :
“ No sabemos si Pedro estaba verdaderamente de acuerdo, o a medias, o
para nada, pero he aquí lo que nosotros pensamos: si tu abusaste de él ….
si tu solamente desobedeciste nuestras reglas …”. “ No sabemos,
Pedro, si dices la verdad o si mientes cuando afirmas que tu no querías. Si
dices la verdad … Si mientes …”. “ En el futuro, esto es
lo que nosotros queremos …”.
La precipitación es a menudo mala consejera: si el menor es apresurado o
forzado para que hable, hay mucha probabilidad de que él se cierre. Si los
adultos de quienes se sospecha se lo huelen, ellos se atrincheran, aumentan la
presión sobre el menor y destruyen las pruebas.
Más vale entonces constituir un pequeño equipo de
“ observación ” discreto y vigilante, que tratara de :
- intensificar la observación del menor ;
- buscar el medio de hablarle y, durante esas conversaciones, abordar delicadamente y a menudo indirectamente la posibilidad del
abuso. Por ejemplo, uno puede empezar con pequeños cuentos : “A un
pequeño oso le ocurre cierto tipo de agresión. ¿Como reaccionaría él ?
¿Hablaría de eso ?”. Si el niño es receptivo, uno puede “ cerrar
el círculo ” de las preguntas … Si la confianza sigue ahí, se puede
terminar por la pregunta : “ En este momento, ¿alguien se comporta
mal hacia tu cuerpo ”? ;
- de manera prudente, pedir informaciones a tal o cual miembro del entorno
del niño ( cuidado con la pérdida de
confidencialidad ) ;
- si la incertidumbre se mantiene, no descuidar la
vigilancia ;
- decidir de un programa de acción ( política de
espera continuada …, confrontación con la familia …, informar la
Procuraduría sobre fuertes dudas …).
Sin embargo, hay que acordarse de que, si no hay una
colaboración clara del niño en cuestión, probablemente nada va a ocurrir. Más
detalles en el libro : J.-Y. Hayez, E. de Becker « L’enfant victime
d’abus sexuel et sa famille : évaluation et traitement ( El niño
víctima de abusos sexuales y su familia : evaluación y tratamiento », PUF,
1997, página 255 et siguientes.
para cragar el
articulo en word 2000
[1] Jean-Yves Hayez : Pedopsiquiatra, Doctor en Psicología, Profesor
emerito de la Facultad de Medicina, Universidad Católica de Lovaina, Bélgica ;
primer jefe del servicio de psiciatria infanto-juvenil de las Clínicas
Universitarias Saint-Luc,
Correo electrónico: jyhayez@uclouvain.be.
Sitio Web: http://www.jeanyveshayez.net/