AGRADECIMIENTOS :
Le doy muchísimas gracias a la Pra Ana Teresa van der Horst
( Instituto Tecnológico de Santo Domingo ) que realizó con mucha
sensibilidad la traducción al español de mi texto francés.
Y también al Dr Guy De Saedeleer, mi webmaster, que concibió y
arregla mi sitio con muchísima amabilidad y capacidad.

La primera
adolescencia [1]
constituye para muchos de nosotros una edad de la vida donde el sentimiento de
identidad y los ideales de referencia quedan maltratados/maltrechos, entre la
pérdida de los indicios de la infancia y las reconstrucciones
más sólidas que seguirán. Ya sea que ellos vivan ese desbarajuste/perturbación
conservándolo, si es que pueden hacerlo, en el secreto de sus corazones, o ya
sea que lo exterioricen, a veces en un caos permanente, a veces a través de un
acto aislado con un simbolismo más o menos opaco, los jóvenes, en ese momento
de sus existencias, pasan a menudo por un calidoscopio de ideas y de
afectos/sentimientos de inseguridad, de negativismo hacia todo y de rebeldía,
de depresión o de exaltación.
Mantenimiento de una identidad heredada de la
infancia (fruto del ambiente y las relaciones) + Reconstrucción de componentes nuevos de la
identidad (fruto del ambiente y las relaciones) ____________________________________________________ Desorganización de la identidad (identidad
heredada + adquisiciones recientes)
Encontramos una cierta cantidad de adolescentes
que frecuentan nuestras consultas o nuestras camas de hospitalización, traídos
por los padres o familiares que les han más o menos convencido. Es raro que nos lleguen en un estado
diferente a con una profunda ambivalencia, divididos entre la esperanza de ser
aliviados de sus sufrimientos morales, el deber de obediencia a los adultos y
la desconfianza que les inspira al mismo tiempo nuestra posible intrusión en su
mundo interior. Añadamos sus fantasmas
sobre nuestras intenciones normativas ( relativas a las normas ) y el
temor de ver degradada su imagen social : “ Si mis amigos supieran …”.
E incluso en la minoría de los casos en donde ellos parecen buscar
espontáneamente la ayuda, o que aceptan rápido y bien la idea de encuentros con
nosotros, ¿qué piden ellos en realidad ? ¿Es principalmente que les
ayudemos a estar mejor y a asumir más sus proyectos de vida, como nosotros
quisiéramos oírles decir (« con sus propias palabras », por
supuesto …)? ¿O su verdadero móvil está en otro lado ?
Bernard ( trece años ) : padres separados, contactos
escasos y difíciles con su padre. Llega
a mi consultorio después de doce meses de estar fuera de la escuela, habiendo perdido la capacidad de adaptarse y
rendir en el medio escolar. Él se muestra de entrada ávido por hablarme, ofreciendo un material abundante
centrado sobre sus angustias todas arcaicas.
Pero él quisiera también, más sutilmente y sin confesarlo, que yo
confirme su derecho a quedarse dentro del dulce nido del hogar. Aurelie ( trece años ) acepta
hablar en presencia de su madre, pero es para explicarme que ésta no entiende
nada de nada; ella espera de mí que yo sermonee su madre ahí mismo. En cuando a David, que yo había visto una
primera vez cuando él tenía doce años debido a dificultades relacionales
relacionadas con su inserción escolar, si él vuelve a verme por u propia
iniciativa tres años más tarde “ para un problema personal ”, y si él
me cuenta, primero con prudencia y duda, que él ha comenzado a flirtear con los
hombres en lugares públicos, yo comprendo poco a poco que en el fondo él está
más orgulloso que molesto o avergonzado por su bisexualidad, que él vive ésta
como un signo de ser excepcional, y que él quisiera oírme manifestarle mi
admiración.
Brevemente, nada es simple para nosotros los terapeutas, atrapados que
estamos entre el gran grupo de aquellos que no quieren, o para nada, nuestra
intervención, y la minoría que desea nuestra ayuda, pero no necesariamente como
nosotros lo hubiéramos querido. ¿Cómo
entonces acompañarlos? Que me sea permitido poner de relieve y hacer mía una
recomendación de Henri Brunetière :
“Desde ahí, qué puede hacer el terapeuta convocado en ese momento? Está fuera de lugar empezar aquí un debate
sobre las teorías, sobre la pubertad freudiana, sobre la adolescencia
annafreudiana o winnicotiana, sino simplemente esbozar algunos comentarios personales
y simples, más problemáticos que dogmáticos …” ( Brunetière,
1993 ).
Yo abordaré primero el tipo de trabajo que nosotros podemos proponer y su
organización ; luego, una vez escogido ese tipo, la escucha del
adolescente y de su familia, y sus variantes.
I- El tipo de
trabajo propuesto, su marco y sus medios.
La gran diversidad de los problemas que se supone existen, al igual que
aquella del “ estado del momento ” de las demandas
( solicitudes ) o no-demandas del adolescente y de su entorno,
distinguiendo además para cada una de ellas lo que está en primer plano y lo que tiene más profundidad, debería constituir un
llamado poderoso a nuestra creatividad, invitada indefinidamente a construir
algo sólido sobre lo incierto y lo provisorio ( provisional ) [2].
Yo no pienso entonces que un terapeuta prisionero de una ritualización
rígida de su oferta puede ser muy eficaz frente al grupo de edad de los
adolescentes : parecería en efecto que el terapeuta no habría conservado
en sí mismo suficientemente de “ adolescencia interior ”, esa
dimensión que, por definición, acepta partir en aventura, con angustia o
exaltación, lejos del nido confortable de las certitudes [3].
A) Flexibilidad de la organización.
Entonces, mejor valdría que la
organización sea muy flexible :
1. Así podríamos
proponer posibilidades de acompañamiento ritualizadas, conformemente a nuestro sistema
habitual de citas, pero con posibilidad de entrevistas imprevistas : de
esa manera, nosotros nos adaptaríamos al funcionamiento de muchos adolescentes,
caracterizado por una necesidad de acciones y de respuestas rápidas con,
frecuentemente, un sentimiento de urgencia… mientras velamos por no volvernos
esclavos de sus exigencias de inmediatez, ni, al contrario, a instalar una
dependencia ( De Clercq, 1997 ).
E. Kestemberg hablaba en ese
sentido hace veinte años, ella que reservaba siempre tiempo en su consulta
“ para aquellos que se intercalan ”, y muchos autores recomiendan que
al lado del sistema de citas, exista una “ estructura de acogida informal ”
( por ejemplo, Favre, 1994 ).
2. A algunos
adolescentes, nosotros hablaremos claramente de una psicoterapia individual de duración indeterminada
(“ Es importante que reflexionemos juntos regularmente … sobre quién
tu eres, sobre tus interrogantes … y tomando el tiempo que se
necesite ”) ; a otros, habrá que limitarse a fijar la cita siguiente,
sin otra programación de encuentros [4].
Pero que el proyecto acordado
vaya o no a tener una cierta duración, algunos adolescentes persisten en
terapia grosso modo, mientras que otros desaparecen si previo aviso, a veces
después de varias sesiones intensas.
Estos últimos tendrán en cuenta o no, o de manera inconstante, a los
mensajes en los que les proponemos tratar de entender con ellos lo que
pasó. Eventualmente, ellos reaparecerán
un día en nuestra consulta, a veces después de dos años, a menudo para la misma
vueltecita que dieron inicialmente y cuya brevedad les conviene perfectamente:
esa voluntad de dominar ellos la relación y de conservar su independencia ante lo
que ellos perciben como una posible influencia de nuestra parte, eso también es
la adolescencia, y eso está lejos de ser patológico por sí mismo.
Así fue en el caso de David : después de algunas sesiones en las que
hablamos de su dimensión homosexual, de su torpeza ante las chicas, a pesar de
que él desea acercarse a ellas, y después que él asocie espontáneamente eso al
carácter frío y autoritario de su madre, él viene a hablarme de un sueño en el
que me persiguiéndolo por toda la ciudad de Bruselas ! Después de eso él desaparece … durante
año y medio. Cuando vuelve, es con el
pretexto de pedirme un certificado que testifique su normalidad psíquica,
certificado que él necesitará para una estadía en el extranjero. Nosotros pasamos tres sesiones hablando de
ese problema … luego se desaparece de nuevo … quince meses más tarde
me llega una carta proveniente de los Estados Unidos, por medio de la cual él
me pide que comente su “ diario de a bordo ” donde, en la primerísima
página, él se compara a Cyril Collard ( escritor, músico y cineasta
francés bisexual, fallecido a los 35 años debido al sida ), su héroe del
momento.
3. El
ritmo de las citas puede también acomodarse de una gran flexibilidad: para ciertos jóvenes y
en ciertos momentos, por ejemplo en lo más fuerte de una gran crisis, a uno le
convendrá el prever citas muy pegadas unas de otras ( Brunetière,
1993 ). Pero a veces habrá que dejar un tiempo ( entre quince días-
tres semanas ) para reflexionar en paz en su casa o/y experimentar nuevas
disposiciones evocadas en la sesión …
4. Otro problema en el que hay que
reflexionar cada vez: ¿al adolescente le conviene trabajar individualmente con un terapeuta, o
con el grupo familiar ? A veces
uno acuerda con él y, a menudo con la familia, que él se comprometerá en un
proceso terapéutico – o a una u otra cita destinada a él solo, mientras otro
terapeuta recibirá en paralelo a los padres.
Incluso en ese caso, uno puede tomar disposiciones para que, de vez en
cuando o sistemáticamente, esas dos categorías de sesiones tengan lugar en el
mismo momento y se terminen en un intercambio en común. No se excluye que, a veces, el momento
“ monogeneracional ” sirva a preparar una mesa redonda. Sobre ese arreglo uno puede también injertar
sesiones familiares más completas, con el subsistema fraterno.
Esta alternancia de momentos
separados y comunes permite a veces que surjan enriquecimientos
insospechados. Sin que se trate de
traicionar la intimidad de nadie, las preguntas claves pueden relanzarse de un
subgrupo al otro y ser trabajadas, ya sea directamente durante sesiones
comunes, ya sea en un tiempo posterior, por el destinatario de la pregunta, en
una sesión “ monogeneracional ”.
Por ejemplo, en sesión
individual, Bernard habla de sus angustias intensas e incomprensibles que él
vive con respecto a la escuela, como si frecuentar ésta pudiera acabar con su
vida: él sueña que está perdido en laberintos y corredores sin fin que
desembocan en precipicios. O sino, que
a la salida de la escuela, todos los autobuses desaparecieron y que no podrá
nunca más regresar a su casa. De hilo
en hilo, uno llega a interrogarse sobre las condiciones de su nacimiento. En una sesión familiar, la madre, interrogada
al respecto con el acuerdo de Bernard, cuenta cómo ese nacimiento fue dramático. Ese elemento nuevo es retomado en la sesión
individual y considerado como fuente de impregnación traumática. En otra ocasión, en sesión familiar, es la
madre quien aborda la cuestión de los beneficios secundarios de los cuales, por
supuesto, Bernard nunca ha hablado espontáneamente en sesión individual: eso me
permite de ahí en adelante tener intercambios con él sobre la dimensión
“ toxicómana ” de su comportamiento, y sobre la valentía que él
necesitará de todas maneras si quiere superarla.
En otros casos, la terapia se
realiza sólo con el grupo o con el subgrupo familiar, ya sea que el terapeuta
lo decidió así, ya sea que uno accede a una solicitud – considerada
apropiada - del adolescente o/y de su familia. Esa demanda, sin embargo, no siempre es formulada
claramente : a veces, son las presiones o las resistencias durante un
trabajo individual que muestran que hay que reconvertir las opciones
terapéuticas … La programación de una terapia familiar es entonces
inmediata, o dictada más tardíamente por las circunstancias [5].
Christian ( trece
años y medio ), que sufre también de una severa fobia escolar
( trastorno de ansiedad por separación ), nunca ha querido venir a
menos que sea con su padre y su madre, sin duda porque se sentía ansioso pero
también y sobre todo porque había algo así como un doble mensaje de la parte
des sus padre : en primer plano, ellos lo empujaban a hablarme a solas, en
su cualidad de niño-problema, y Christian se las ingeniaba para
resistirles … En un segundo plano,
vemos que el padre, “ Buena Madre dominadora ”, le hacía comprender
que solamente él podía ser importante en la vida del joven.
Después de su tentativa de
suicidio, provocada por su impresión de no tener la más mínima importancia, Sybille
( catorce años ) rápidamente no quiso seguir con el trabajo
individual que la /señalaba demasiado como una desequilibrada ; ni
siquiera quería tener entrevistas con sus padres, entrevistas programadas por
ella, y donde ella no dejaba ese estatus de desequilibrada … Hubo que
organizar entrevistas familiares en donde se hablaba de manera más general de
las relaciones difíciles entre ella y su hermana, y entre padres y
adolescentes, para que ella consintiera de nuevo a expresarse, en el rol de un participante más entre los otros.
Y, a veces, hay lugar para algo
todavía más original : Con Xavier ( 15 años ) y sus
padres, uno avanza paso a paso. La
madre tiene una personalidad limítrofe, no lejos de ser paranoica. El padre, presente en las sesiones, es en la
vida diaria un hombre que juega un rol secundario en la familia. Xavier, hijo único, superdotado, se debate
en protestaciones muy histéricas y cargadas de angustia para encontrar su
identidad y su nuevo lugar de adolescente dentro de la familia. A menudo, al inicio de la sesión, él pide
que su padre esté presente y lo escuche exponer su debate interno. Eso puede ir muy lejos en ese muchacho
confiado y crédulo que habla delante de y con su padre de sus preocupaciones
tanto religiosas que masturbatorias.
Eso permite al padre reconquistar un cierto lugar ante los ojos de su
hijo. Por supuesto, durante ese tiempo,
otro terapeuta se entrevista con la madre.
Todo eso se termina en una mesa redonda, donde cada quien camina con
tanto cuidado como si marchara sobre huevos …
Y el espacio me falta para
exponer el lugar que podría corresponder, en esta programación sin cese
renovada, a la psicoterapia de grupo, al igual que a la hospitalización larga o
breve, al interés que esta última se realice en hospital psiquiátrico o en
hospital general, y en este último caso, a la elección de un servicio
pediátrico o de medicina interna.
Evidentemente, ninguna de esas opciones es inocente.
B. Flexibilidad de los materiales de las
sesiones.
Una discusión
análoga puede hacerse con respecto a los « materiales » a los que
recurrimos en la sesión, para que se digan y de capten bien las cuestiones de
vida de nuestro joven cliente. Todos no
hablan, nosotros lo sabemos bien, con la fluidez de los buenos clientes neuróticos
que tienen los psicoanalistas de adultos.
E incluso cuando ellos lo logran, nada nos obliga a escucharlos
ronronear, sin intervenir : muchas psicoterapias se han relanzado a partir
de las “ sorpresas ” que ha introducido el terapeuta, a veces sin un
proyecto preconcebido, a veces por el simple placer de crear, de introducir la
vida, si no es simplemente por no aburrirse más : al recurrir
ocasionalmente, y sin jamás ponderar o considerar ni la receptividad del
adolescente a lo que se le propone, ni el contenido de su respuesta eventual,
el terapeuta toma el lugar de otra persona, viva y creadora ; de un
aventurero que es capaz de romper la rutina … La identificación siendo lo
que es, eso puede dar un empujón hacia la vida !
Me sucede –frecuentemente- que
yo respete el flujo natural del discurso verbal espontáneo de mi joven cliente,
pero a veces – sobre todo cuando me aburro - trato de encontrarme con
algo más vivo (“ Oye, ¿qué piensas tu de esto o lo otro ? Cuéntame algo especial … algo alegre
que haya ocurrido después de nuestra última reunión ”. O sino : “ Hace mucho tiempo que
tu no me has hablado de tu padre y tu … ”, etc. Para variar los materiales, se me ocurre a
veces proponer, a hacer en la sesión o en la casa, con o sin directivas más
precisas, un dibujo, más o menos esmerado, un texto a redactar, el guión de una
película … En la consulta, uno puede también componer entre los dos un
texto, una línea para cada uno ( Chevrier et Farcy, 1994 ). Uno puede
también proponer un psicodrama individual cuyo sujeto es escogido por el joven
o por el terapeuta, etc.
C. ¿Qué retener de ese alegato sobre la flexibilidad?
El hecho de que no existe una
receta universal que nos autorice a hacer no importa qué: la demanda o
solicitud, verbalizada más a menudo por los adultos que por el joven mismo, debe
siempre ser cuidadosamente analizada. Lo que es anunciado como problemático es
a veces ampliamente intrapsíquico, pero puede también estar en el centro de
muchas cosas que están en juego, ya sea familiares o institucionales. Nosotros debemos poder adivinar rápida y
correctamente esta parte de cada implicación, personal o no. A partir de lo
cual se aclarará mejor, al menos en un primer tiempo, la respuesta a la
pregunta : “¿ Podemos nosotros tener un proyecto común, terapeuta,
joven o/y padres y tal vez la institución ?”.
Ese proyecto puede ser una
proposición de trabajo en común, o de no-intervención total o parcial, según lo
que nosotros estimemos más oportuno.
Nos incumbe a continuación buscar un acuerdo con nos interlocutores o partenaires,
ya sea sobre una acción a emprender juntos, ya sea sobre una total abstención,
o incluso sobre un trabajo con solamente una parte de nuestros
interlocutores. Una vez tomada, esta
decisión debe ser regularmente re-evaluada.
Permanece en todo esto una dimensión aleatoria que hay que poder asumir
y anunciar como tal (“ Yo tomo la iniciativa de organizar sesiones
escindidas ( divididas ) y luego reagrupadas con Bernard y su mamá
( Nota : el padre se fue de la casa y es inaccesible ), y veremos
lo que pasa ; nosotros vamos a experimentar ese proyecto, sin ser
prisioneros de nuestra decisión ”).
Procediendo de esa manera,
debemos estar atentos a evitar dos escollos inversos :
1- El primero, es apostar a veces, sin estar conscientes de ello, sobre un
efecto de sugestión: nosotros damos algunos argumentos para persuadir el
adolescente de que algo no está bien en él, que él debe dejarse tratar, y
nosotros nos contentamos de su “si” conformista, el cual no es verdaderamente
difícil de obtener de parte de un adolescente ansioso… o manipulador. Pero, muy rápido, se revela que él sintió
eso como una violencia o una humillación, y él sabotea la continuación del
proceso. Sin embargo, la ambivalencia,
la incomprensión o el rechazo iniciales y no claramente expresados de ese
adolescente podrían a menudo ser adivinados … y tomados en cuenta, por
ejemplo pactando que, por el momento, él está dispensado de venir solo a la
psicoterapia. ¿Qué hacer a
continuación ? A veces será la
suspensión total de todo proyecto, o hacer un balance tres meses después. A veces, propondremos sólo a los padres
proseguir con la reflexión junto a nosotros.
Incluso también, luego de concertación con nosotros, éstos pedirán
comoquiera al joven que asista a las sesiones familiares : él tendrá ahí
la posibilidad de escuchar las preguntas que se hacen los adultos, sin que él
esté obligado a abrir la boca. Pedirle
este acto de obediencia es algo distinto a obligarlo a reconocer que él
necesita ayuda [6].
2- Al distinguir o diferenciar de esta manera la parte que corresponde al
deseo o a la obediencia, yo traté sobre la marcha lo que yo llamaba hace un
rato el “ escollo invertido ” : en efecto, no se trata tampoco
de dejar partir, “ así como así ”, los adolescentes demasiado
fóbicos, demasiado deprimidos o negativistas o desconfiados, que ven a priori
en la ayuda psicológica una persecución: nosotros tenemos el derecho y el deber
de insistir un poco y de crear un marco tal que ellos sean puestos en contacto
con un terapeuta, ya sea en sesión familiar o individual. Después de esto, o la alianza terapéutica se
crea, o tendremos que suspender la experiencia.
A) Nuestra actitud más fundamental
como terapeutas está hecha de escucha …
Escuchar, simplemente :
escucha de lo que se busca, escucha de los deseos que nacen o que ya están
actuando y de sus eventuales contradicciones, escucha de las ideas y de los
valores, escucha de los proyectos y de los actos que les siguen … escucha
de lo que es simple y unificado, y de lo que es conflictivo.
Escucha paciente, que
manifiesta al otro la importancia que él tiene a nuestros ojos, que le indica
que él es un hombre/una mujer, en el combate que él/ella entabla para vivir
bien, en sus idas y llegadas, en sus momentos de exaltación y de desánimo, e
incluso que él es humano en sus transgresiones, transgresiones simbólicas
( que nos gustan ), pero también en las otras, aquellas en las que él
muestra su omnipotencia, su egocentrismo, su rechazo de una verdadera
sociabilidad.
Escucha que dirigida a todos
los partenaires o participantes presentes : el adolescente mismo, por
supuesto, pero también a su entorno ; el adolescente es invitado a
permitirse crecer sin que vaya a perder
la parte más preciosa de su propio proyecto … ni todo su confort.
Escucha que parte de la queja
– la cual será a menudo la de los padres - y de la situación
“ hic et nunc ” ( aquí y ahora ) :
“ En el fondo ( a final de cuentas ), por qué estamos aquí
juntos ? ¿Qué es lo que esperamos
de eso ? Pero también, ¿qué es lo
que uno rechaza ?” … Expectativas y rechazos que nos reenvían a una
cierta imagen de cada quien tiene hoy de sí mismo, de su entorno familiar, del
mundo … Imagen de la cual cada uno puede llegar a hablar con nosotros, al
igual como él puede reflexionar a lo puede ser la consecuencia, los proyectos y
los actos del día de hoy, y a lo que uno podría a veces hacer para mejorar.
He aquí así descrito, en un
esbozo por supuesto idealizador, cómo podría ejercerse la escucha y hacia qué
ella podría estar dirigida.
Por supuesto, con ciertos
jóvenes y ciertas familias, a veces sucede que las cosas ocurren de esa manera…
más o menos, porque siempre hay que dejar un lugar para lo inesperado y también
estar vigilante en lo que respecta a lo que tal vez no se ha dicho y de lo cual
nos corresponde favorecer, con suavidad, la llegada o surgimiento.
En sesión familiar, a medida
que sus angustias de separación se debilitan, a Christian le coge con acusar a
su madre, de manera vehemente, a quien él acusa de vigilarlo estúpidamente y de
no comprender que él está creciendo.
Poco a poco, nosotros nos damos cuenta de que él se lleva de las
proposiciones de su padre, hombre al mismo tiempo impresionante y
acaparado. Lentamente, nosotros
llevamos al padre a hablar de la incomodidad que genera en él la
pseudo-sumisión de su hijo, y del sentimiento de soledad que él experimenta al
no encontrarse o acercarse verdaderamente con los otros. A solicitud nuestra, él nos habla de su
propio padre, todavía más tiránico que él, y de su voluntad de no parecérsele. Al mismo tiempo, Christian lo afronta y/le
responde un poco más, y tiene el gran gozo de constatar que él no provoca
ninguna catástrofe al hacerlo.
B) Uno puede preguntarse si esa intención fundamental
de escucha posee características específicas a la adolescencia.
1. Una sola me parece que lo sea: es que, en la gran mayoría de
las situaciones, la escucha debe dirigirse a las dos generaciones
participantes, adultos y jóvenes adolescentes, con una igual “ importancia
interior ”. Esto no significa consagrar
cada vez exactamente la misma cantidad de tiempo a unos y a otros ; de lo
que fundamentalmente se trata es de vivir una disposición mental gracias a la
cual nosotros acogemos de manera igual las vivencias de unos y otros, y les
ayudamos a hacerse parte de eso, en la medida en que ellos lo desean …
disposición en la que nosotros reconocemos también a unos el derecho de
negociar con los otros una parte de lugar personal en el mercado de la vida.
Cuando yo escucho los padres de
Xavier, me doy cuenta de lo que de entrada etiqueté como « paranoia »
en la madre : tiene un miedo inmenso de que no importa cuál persona
extraña, comenzando por mi, le tome su pequeño y se lo maltrate … pequeño
que a ella le tomó tanto tiempo para tenerlo, y para quien ella sueña de un
lugar privilegiado cerca del Señor … En cuanto a la pasividad del papá,
que parece que él ha demisionado ( abandonado ) de su lugar en la
familia, ésta se transforma en la delicadeza de un hombre que, para respetar su
compromiso conyugal, no encuentra más camino que el silencio tolerante.
2. He aquí otras características de la escucha que constituyen más bien
matices cuantitativos propios a la adolescencia, en vez de verdaderas
especificidades cualitativas:
a) Lo primero es la paciencia o, más exactamente, un
equilibrio a encontrar entre, por un lado, la aceptación paciente de lo que
llega y, por otro lado, el darle ánimos, la expresión de invitaciones
discretamente repetidas, para que el sujeto quiera expresar lo que tiene la
mayor importancia para él, un poco más
allá de las defensas dictadas por la angustia y por el principio del
placer.
Pienso sobre todo en esos
adolescentes muy jóvenes que nos aportan, a veces de manera repetitiva,
material que parece muy externo, como por ejemplo sus proezas con el Nintendo o
en el tennis, la descripción minuciosa de un filme, o los actos sucesivos y
anecdóticos de un día escolar. Como lo
dicen y lo ilustran tan bien Ricciardi y Sapio, hay que escucharlos largamente,
leer para uno mismo los símbolos que nosotros creemos adivinar en sus
producciones, cuidarnos de la menor interpretación salvaje y, de cuando en
cuando, a través de pequeños toques, proponer que las desgracias de Rambo de
las cuales ellos hablan pueden también llegar donde jóvenes como ellos, incluso
a ellos mismos. Sugestiones como ésas,
al principio, ellos las rechazan con más frecuencia que de la que las reciben –
pero escuchados con benevolencia ellos se van
sintiendo seguros poco a poco y finalmente aceptan oír, o pasar como quien no
quiere la cosa, a una cuestión personal ( Ricciardi et Sapio,
1995 ). Y si no pasa nada, si a
pesar de las invitaciones del terapeuta a ir un poco más allá – con
paciencia, sin enervamiento - ese joven parece hundirse en lo anecdótico,
le corresponde al terapeuta evaluar con él, a un momento dado, la pertinencia
que tiene el continuar la manera de trabajar existente … sin
« desnarcisiarlo » ( quitarle su narcisismo ) criticando
sus producciones precedentes.
Es igualmente en el contexto de esta dialéctica « paciencia-dar
ánimos » que nosotros podemos evocar el destino que hay que reservar a los
largos silencios, matizados de inhibición, de pasividad o/y de oposición, al
igual que al rechazo a responder a algunas de nuestras preguntas. En un primer tiempo, nos toca asumirlos y
señalarlos como elecciones, realizados porque son positivamente importantes
para el equilibrio del joven y de su familia: incluso dentro de un contexto de
inhibición, una dimensión de “elección”, en el sentido amplio de la palabra,
gana a ser tenida en cuenta. Sin
embargo, verlos como tales no significa que nosotros aceptaremos siempre que la
cosa se quede ahí: a veces, nosotros apuntaremos a que se sobrepasen en algo
algunos retraimientos dictados por la angustia, la depresión, o el principio
del placer.
Por ejemplo, los padres de
Christian, y sobre todo su padre, no se expresaban personalmente de entrada:
ellos dijeron primero: « Usted va a pedirnos que nos
“ desabotonemos ” ( abramos ), pero es por él, por nuestro
hijo, por quien venimos aquí ». Yo
no analicé la no-solicitud en sus significaciones más profundas ; yo más
bien comencé con : « De acuerdo, es por él que hay que hacer un
esfuerzo de expresarse acerca de sí mismo, para ayudarlo a hacer lo
mismo », y continué con la sesión.
Al principio, los padres de
Sybille decían también : “ Es por ella que estamos aquí ”, y es
precisamente debido a ese estatus de ser “la” enferma que ella no quería estar
ahí! Y tuve entonces que llevarlos
suavemente, a ellos también, a hablar de su malestar frente a sus adolescentes, sin que hubiera que
combatir de frente su declaración inicial.
Esa insistencia en ir un poco
más allá tiene sin embargo sus límites: un silencio que persistiría a pesar de
nuestras invitaciones debe verdaderamente ser reinterpretado como una posición
de reequilibramiento, de afirmación de su identidad por parte del sujeto. Hay entonces que « arreglárselas »
durante un periodo razonable, reexaminando si la continuación concreta de
algunas partes del programa que nos planteamos tienen sentido todavía.
Christian, otra vez él, se oyó
confirmar en varias ocasiones, y en frente de sus padres, su derecho a quedarse
callado, a no tener nada que decir, a no querer acompañarme en sesión
individual. Yo le dije más de una vez
que ésa era su manera de indicar su crecimiento, él que oía sus padres
cuestionar sus propios « desabotonamientos » ( apertura ).
Al final de la terapia, al hacer el balance de todo lo que había pasado, yo
hablé de la valentía con que él había
defendido su derecho a la intimidad, y con la cual él había querido reorganizar
su vida en su cabeza, sin ayuda externa.
Eso me valió una discreta sonrisa divertida : ese reconocimiento no
le era desagradable !
b) Yo quisiera también decir algunas palabras
acerca de la empatía. Ella también debería dirigirse a todos los participantes [7] y expresarse de manera bastante intensa, tanto a través de las actitudes
no verbales que por la palabra.
Éstas a menudo toman la forma
de “reflejo”, en el sentido rogeriano del término : éstos ocupan un lugar
importante – a menudo mayoritario - en el conjunto de nuestras
intervenciones habladas.
[ NOTA explicativa : La técnica rogeriana del reflejo.
El reflejo es la imagen de la comunicación emocional : si el paciente dice
“ ¡me siento como una mierda! ”, el terapeuta puede reflejar esto de
vuelta diciéndole algo como “ Ya. La vida le trata mal, ¿no?” Al hacer
esto, el terapeuta le está comunicando al paciente que de hecho está escuchando
y se está preocupando lo suficiente como para comprenderle.
También el terapeuta está permitiendo
que el paciente se de cuenta de lo que él mismo está comunicando. Usualmente,
las personas que sufren dicen cosas que no quieren decir por el hecho de que el
sacarlas hacen sentir mejor. Por ejemplo, una vez una mujer entró en mi
consulta y dijo “ ¡Odio a los hombres! ” Le reflejé diciéndole:
“¿Odia a todos los hombres?” Ella contestó : “ Bueno, quizás no a
todos ” Ella no odiaba a su padre, ni a su hermano y por continuidad, ni a
mí. Incluso con esos hombres a los que “ odiaba ”, se dio cuenta
luego que en la gran mayoría de ellos no sentía hasta el punto de lo que la
palabra “ odio ” implica. De hecho, mucho más adelante se percató de
que lo que sentía era desconfianza hacia los hombres y de que tenía miedo
de que le trataran como lo hizo un hombre en particular.
De todas formas, el reflejo debe usarse
cuidadosamente. Muchos terapeutas novatos lo usan sin sentirlo o sin pensarlo,
repitiendo como loros las frases que salen de la boca de sus pacientes. Luego
creen que el cliente no se da cuenta, cuando de hecho se ha vuelto el
estereotipo de la terapia rogeriana de la misma manera en que el sexo y la
madre lo han hecho en la terapia freudiana. El reflejo debe surgir del corazón
( genuino, congruente ). Tomado de : http://www.psicologia-online.com/ebooks/personalidad/rogers.htm]
Al repetirle lo que él cree
haber comprendido (« En el fondo, para ti, es importante
que …. ; a ti no te gusta cuando … ; tu tienes tanto miedo
de … ; te sientes indignado ante …, etc.), el terapeuta ayuda al
joven adolescente a identificarse un poco más, a detectar ciertas líneas de
fuerza en él … pero también y sobre todo, la benevolencia de la cual está
impregnado el reflejo lo anima, lo estimula, a creer más en su propio
valor. Lo mismo vale para los
padres !
A veces, el terapeuta no se
limita sólo a retomar más o menos las palabras a través de las cuales el
adolescente o su familia nombran su propia experiencia interior. Él se sirve más bien de una metáfora, según
lo que le inspira su creatividad: sus interlocutores se muestran a menudo
entusiastas [8] si la metáfora da en el clavo…
queda entonces a requerir las propias creatividades de la familia, y a
re-trabajar la imagen junto a ellos.
Yo digo a Xavier, por ejemplo,
que él me hace pensar a un lindo automóvil de carreras que se golpea contra l
os muros de un garaje demasiado pequeño … Con Sybille y su hermana, para
evocar la rivalidad fraterna, nosotros imaginamos dos fortalezas atacadas una
tras otra por un dragón, etc.
También nos puede suceder que
entremos en el campo de la « proposición interpretativa ». Sin embargo, al contrario de lo que ocurre
en el psicoanálisis con adultos, es raro que uno pueda aferrarse entonces a una
palabra, a un pedazo de frase enunciado en torno a los avatares de la neurosis
de transferencia. Se trata más a menudo
de « proposiciones interpretativas » que ponen en relación lo que pasa
el día de hoy y aquello que el adolescente nos había dicho de su historia, o lo
que nos ha callado, pero que nosotros adivinamos demasiado bien! En el fondo, se trata de esbozar mejor junto
a él lo que podría ser una « lógica de vida » bien enraizada en las
experiencias ya vividas, sin dejarle entender que él está totalmente prisionero
de determinismos: simplemente, tanto para él como para nosotros, hay que tener
tanto más de valentía y de lucidez para sobrepasar ciertas elecciones y
actitudes actuales, cuanto la historia de nuestra vida nos “ predispone ”.
Que quede sin embargo claro que
esos momentos de restitución de un poco de sentido … no significan que uno
trata de comprenderlo todo y explicarlo todo.
Comprenderse un poco mejor, eso estimula al adolescente ; pero ser
bien comprendido por un « padre científico », eso el adolescente lo
detesta! Cuando él se queja
“ Usted no me comprende ”, lo que él estigmatiza es la falta de
acogida por parte del terapeuta. Él no
está solicitando sin embargo, verse prisionero dentro del cerebro del
otro. Querer comprenderlo todo, es
también huir de la angustia que genera en nosotros la falta de certeza, la
opacidad del funcionamiento humano … “ El adolescente, que tumba
estatuas ( acto simbólico de rebeldía ante la autoridad ), se
compromete difícilmente ante al terapeuta, quien parece vestir de un traje de
certeza su propio lugar y su discurso ” ( Brunetière, 1993 ).
Con David, que no se siente
feliz más que cuando corre tras las chicas, nosotros hablamos mucho de las
experiencias “ refrigerantes ” vividas con su madre, una persona dura
e incapaz de expresar sus afectos – por lo menos en el fantasma del
joven. Luego, yo le comuniqué mi
impresión de que él podía tener éxito en sus relaciones con las chicas, pero
sin disponer de entrada de un modelo previo y sin esperar de una vez sentirse
inundado de bienestar.
Con Bernard, en respuesta a una
de las numerosas pesadillas en las que él se describe como estando totalmente
solo, metido en laberintos sin fin, nosotros terminamos por evocar, no
solamente el posible traumatismo de su nacimiento al cual él nos había hecho
alusión, sino también otras experiencias relacionales en las que él tuvo la
impresión de no contar para nada : sus padres que se disputan sin control
en su presencia, un padre que repite constantemente que él quiere vender la
casa, etc.… Yo incluso me sorprendí por
la analogía de los términos empleados por Bernard para evocar las dificultades
del parto en su nacimiento : « Ël no pasará »… y lo que él mismo
dice en la descripción de ciertas pesadillas : « Él no pasará »
a propósito del autobús escolar de debe llevarlo a su casa ; y luego
nosotros trabajamos sobre las palabras mismas, sobre lo que éstas pueden
significar.
Basándome en lo que me dicen
los padres, sobre que no hay más que diez meses de diferencia entre Sybille y
Verónique y que el nacimiento de la menor fue fuente de mucha inseguridad para
Sybille, la mayor, yo desarrollo la hipótesis de esa inseguridad arcaica
remanente y, apoyado en el consentimiento y la escucha de las dos hermanas, yo
lo tomo como el centro de la explicación de su agresividad desproporcionada en
la actualidad. Por supuesto, todo no
puede ser llevado a un evento de su historia, y yo les propongo también, como
elemento de explicación, los rasgos propios al carácter de cada una: la
intransigencia de Véronique, que no afloja nunca cuando su hermana mayor la
cuestiona, y la sensibilidad torpe de la mayor, que no sabe hacerse respetar y
se refugia rápidamente dentro de su castillo de sufrimiento.
Pero volvamos a la
empatía : en todas esas intervenciones, más allá de la ayuda a la
comprensión del sentido, es al menos tan útil como ésta nuestra buena
disposición ( o benevolencia ) de terapeuta! Y en mi práctica, la
expresión de ésta sobrepasa a veces lo que hubieran querido Rogers y los suyos.
Claro está, al igual que ellos
yo dejo usualmente filtrar un poquito de ternura y, en ocasiones, de
placer : cuando veo un hombrecito luchar con la vida y buscar su camino,
yo me siento como un testigo amistoso de una historia que no es la mía.
Pero de vez en cuando me sucede
que me comprometo un poco más. Por
ejemplo, yo subrayo : “ Es magnífico que tu tengas eso en ti ( o
en usted ) ”, frente a ciertas originalidades que resuenan/vibran más
particularmente en mi o/y que yo analizo, con razón o sin ella, como una baza
ganadora ( algo que le da posibilidad de éxito ) en su (sus)
vidas. A veces también puedo decir, si
lo siento de esa manera: “Eso me parece bien injusto, lo que le (les) está pasando”. Yo se bien que hablando así, yo me alejo por
momentos de la sacro-santa neutralidad terapéutica : yo me involucro
emocionalmente, yo comparto, yo contribuyo tal vez directamente a reforzar
ciertas vivencias y actitudes : es porque yo pienso que los adolescentes,
y tal vez también sus familias, para avanzar mejor en su camino, de ese momento
ocasional de compartición de sus experiencias.
Con respecto a un intercambio
verbal sobre la impresión de injusticia Böszörmenyi-Nagy
(1973), autor sistémico bien conocido, describió el interés que él podía
tener a comunicar su propia opinión, siempre que él no pretenda echar leña al
fuego, designando sin precaución quiénes son los buenos y quiénes son los
malos: él propone permanecer empático con todos, y de mostrar que, en la gran
mayoría de casos, cada uno es a la vez víctima y agente de injusticias, no las
mismas, por supuesto, y con orígenes diferentes en la historia de cada vida.
A lo inverso de esas ocasiones
de aprobación, nosotros nos vemos a veces confrontados a ciertos
comportamientos de nuestros jóvenes clientes que testimonian de la operación en
ellos de instancias egocéntricas, del puro principio del placer, de ser
“ todo poderoso ” sin tener nada en cuenta, de la perversión,
etc. Está claro que ellos siguen siendo
personas incluso cuando están bajo el poder de esas fuerzas : nosotros
tampoco, los terapeutas, no somos de naturaleza diferente ! Sin embargo, cuando ellos nos confrontan al
juego de esas instancias, no les estamos haciendo un favor si nos callamos,
como si fuéramos cómplices de esa dimensión de su realización de sí
mismos. Por poco que una relación de
confianza esté instalada, y que nosotros manifestemos nuestra desaprobación
como dirigida a un solo aspecto de su personalidad, aspecto al que ellos no
están reducidos ( siendo ellos mucho más que esa cara o aspecto ),
nosotros podemos indicarles que, aunque nosotros comprendemos la lógica de
instalación ( cómo se llegó a eso ) de esas fuerzas
“ asociales ” en ellos, nosotros no consideramos sin embargo que
ellos están dando lo mejor de sí mismos cuando ellos las manifiestan a través
de sus comportamientos.
En sesión familiar, yo indiqué
a Aurélie que ella insistía hasta lo imposible ( hasta el límite )
sus reivindicaciones, y que era algo estructurante que ella encontrara la
fuerza de su madre en medio de su camino … Detrás del espejo, yo le hice
observar a la madre que me parecía utópico el querer controlar todo : me
parecía más sabio el concentrarse en algunas reglas importantes. Yo comuniqué también mi impresión de que la
confianza que uno le muestra a un adolescente no es del orden del “ todo o
nada ” ; esa confianza es mejor ponerla en lo que se refiere a su
actitud frente a los valores esenciales, más que en lo que respecta a su grado
de obediencia a todas las reglas.
Con Bernard, yo al final le
hablé de los riesgos que él estaba corriendo al escuchar de manera demasiado
masiva tanto su angustia como su deseo de confort en su casa, sin hacer nunca
un esfuerzo para ponerse en pie ; yo se lo dije, sin forzarlo a nada, y
añadí que él era el único que podía decidir sobre tener el coraje
( valentía ) para reinvertirse en su situación escolar.
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III. ¿Tenemos
nosotros una responsabilidad más allá de la escucha? |
Yo acabo de indicar que el terapeuta no puede
quedarse indiferente cuando el adolescente o su familia se vuelcan en la vía de
la destructividad, e incluso que él no podía aceptar tal cual las posiciones
recurrentes de “ dejar hacer ” ( laisser-aller ), bajo el
dominio del imperio del placer. Y que
él puede más bien animar a sus pares para dar lo mejor de sí mismos. Se trata, entonces, de lo mejor de ellos
mismos: al final de cuentas, a cada quien le corresponde pensar lo que es mejor
para uno, y luego intentar realizarlo en el teatro de la vida.
Frente a esto, si el sujeto es menor de edad, las responsabilidades
respectivas de la familia y del terapeuta se diferencian :
- Es normal que la familia se esfuerce en inculcar al joven
– esperando que éste las hará suyas - ciertas ideas y valores. Ella puede incluso – y, hasta cierto
punto, es su derecho - exigir de él comportamientos cuyo sentido o
pertinencia no sean evidente a los ojos del adolescente.
- Pero al terapeuta no le corresponde actuar de esa manera, aparte de la
eventual confrontación ya evocada ante un comportamiento destructivo
importante. Su rol es de ayudar a ver
claro a cada quien sobre sus propias elecciones
y de aceptarlas. Y, si viene al caso,
ayudar a ver con claridad, tanto al adolescente como a la familia, las luchas
de influencia o de poder que los oponen, sobre la manera de cada uno de
manejarlas y sobre las consecuencias que pueden resultar.
Esta no-directividad, frente al debate interior y a la difícil
construcción del sí mismo del joven es, en mí, una posición muy radical,
incluso ( y sobre todo ) cuando lo que está en juego es
importante. Es una manera de respetar
su naturaleza humana y su derecho a crear él mismo su vida al decidir, entre
otros, hasta qué punto él tendrá en cuenta su entorno social. Yo me limito a darle luz sobre sus
elecciones y sobre las consecuencias sociales y familiares probables de éstas.
Por ejemplo, yo no doy consejo a David en cuanto a la dimensión
homosexual que se está desarrollando en él.
Ni tampoco pido a Sybille y a Véronique que dejen de pelearse, incluso si
yo expreso mi impresión de que el enemigo que ellas creen identificar es sobe
todo la prolongación de un fantasma arcaico.
Una aplicación particular de la abstención, es la resistencia a los
reclamos de arbitraje que nos hacen a menudo.
Muchos adolescentes creen que somos sus aliados, listos para apoyar sus
exigencias hacia sus padres. Y lo contrario
es a menudo frecuente. Sin embargo,
acceder a esas demandas es a menudo esterilizarlo todo a corto plazo, o al
menos instalar la dependencia por parte de la familia, y conseguir mucho stress
inútil para el terapeuta.
Así, Christian, a medida que entraba en su adolescencia, soporta cada vez
más mal la mezcla de atención y de control que él cree percibir en su
madre. Ésta no reconoce ya más a su
pequeño, tanto le parece que ha cambiado, pero comoquiera no cambia para nada
su manera de actuar para con él. Yo les
hablo entonces del deseo que tienen los adolescentes de afirmarse y de su
angustia, de su rebeldía ante el poder de las mujeres-madres. Yo hablo del malestar de éstas, de su miedo
de que no las quieran más, y/o de perder su poder cuando el ave se vaya del
nido. Yo evoco también lo difícil que
es el oficio de ser padres o madres, en el cual hay que cambiar varias veces en
una vida la percepción que uno tiene de su descendencia. Sin embargo, yo no propongo soluciones
concretas ni inmediatas.
Pero ese excelente principio de abstención podría llevar acarrear efectos
perversos, si fuera aplicado como una panacea :
- Yo indiqué ya que me ha pasado que yo aplauda, a título personal, ciertas
maneras de ser y de hacer que yo encontraba positivas ; pero que, al lado
opuesto, yo no podía quedarme indiferente ante la destructividad ni la
instalación persistente del principio del placer.
En un orden de ideas semejante, porque él implica también una
destructividad involuntaria, abstenerse de hablar no es para nada deseable
tampoco cuando unos – a menudo los padres [9] -
piden a los otros – generalmente los jóvenes - unos desempeños
escolares o comportamentales de los cuales éstos son psicológicamente
incapaces. Sin verdaderamente prohibir
– ya que esa no es nuestra función social -, sin cesar de tratar de
comprender, nosotros podemos sin embargo indicar cuándo, a nuestro parecer,
esas demandas son excesivas, y los efectos negativos que ellas acarrean.
- Abstenerse de dirigir la vida del adolescente o de su familia no
justifica sin embargo que haya que callarse cada vez que uno crea tener una
idea interesante. Nosotros podemos
siempre decir nuestras sugerencias, no en el sentido de “ jugar con la
sugestionabilidad de un ser para dirigir su vida ”, sino en el sentido de
“ hacer una sugerencia ”, es decir proponer con entusiasmo una idea en
la que creemos, reconociendo al otro la libertad de adherir a ésta o no :
las “ sugestiones ” de ese tipo, yo suelo hacerlas cuando la idea se
me ocurre, como sería un empujoncito, como dar ánimos, invitar a la acción, que
yo discuto con mi interlocutor … Y luego, que pase lo que sea, porque en
principio, yo reconocí al destinatario su derecho a su libertad de apreciación
y de movimiento.
Por ejemplo a Nathanaël ( catorce años ) que se decía
“ molesto ” por la distancia que se instalaba entre él y su padre
– separado de su esposa - yo sugerí que le escribiera una carta en la
cual él le informaría de sus sentimientos profundos.
Esos retazos de sugestiones se hacen a menudo sobre lo que está ya
pre-decidido, pero que uno todavía no ha tenido el coraje de realizar ; a
veces pasa que uno llegue, comoquiera, un poco más lejos :
Con Xavier que dramatizaba tanto sus masturbaciones, y que no podía
impedirse, a causa de lo ruidoso, tanto de castigar a sus padres, como de
mostrarles que él era activamente sexuado, yo le sugerí que él adopte otros
comportamientos ruidosos para mostrar cuál es su lugar, y por otro lado que él
medite y haga suyo el concepto de “ placer solitario ”…
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IV. Algunos
corollaires ( consecuencias evidentes ) de la escucha. |
A) En muchas terapias, sobre todo
aquellas de apoyo y en las sesiones familiares, nosotros ofrecemos
informaciones al joven y a su familia : ellas tratan sobre el
funcionamiento del ser humano y de sus grupos de vida, sobre la organización
social, o sobre ciertos tipos de comportamientos posibles y sus consecuencias
eventuales: en este último caso, esas informaciones son a veces muy cercanas a
las “ sugestiones ” que acabo de evocar. La diferencia podría estar no en la forma externa, sino en la
intención consciente del terapeuta: ahí, él quiere animar, aquí, el quiere
“ simplemente ” enriquecer los materiales que están a la disposición
del sistema cognitivo del sujeto.
A medio camino entre la información y el reflejo rogeriano, una
intervención particularmente útil, apaciguante y estimulante para el narcisismo
de un joven adolescente, es de “ mostrarle ” – es decir
reconocer, tomar acta - que él está bien atrapado en lo que uno podría
llamar los grandes debates de la vida, los grandes movimientos de la humanidad …
que eso tiene una dimensión apasionante – a veces en los dos sentidos del
término - … y que es algo mucho más intensa que cuando él era un
niño: ahora, él está atravesado por cuestiones esenciales que él elabora
mentalmente y con mucha más lucidez que antes.
Hablando de esa manera, uno no ridiculiza al adolescente, como cuando
uno insinúa que sus problemas no son más que aquellos de “su crisis”, crisis
molesta o perturbadora pero no muy seria.
Está claro que el terapeuta que se exprese así debe tener la posibilidad de
sentirlo de esa manera, es decir encontrar que es verdaderamente importante y
apasionante esa edad de la vida en la que un joven aprende
– verdaderamente él solo - a hacer algo con su agresividad, con su
sexualidad, con sus ideas sobre sí mismo y sobre el mundo … Y donde él
re-enuncia progresivamente su identidad, aquello que es importante para él, lo
que tiene valor en su vida …
¿Cuántas veces no he dicho yo : « Eso que estás viviendo, eso
es un gran problema al cual nosotros, como seres humanos, nos vemos
confrontados … y nosotros debemos, cada uno, encontrar “ nuestra
solución ”? ¿Cuántas veces no he hecho yo referencia al grupo de pares, el
cual tiene que seguir un camino muy parecido…? : al hablar así yo quiero
indicarle que eso que él está viviendo no es “ normal – con el
horrible matiz reduccionista de ese término - sino natural, ubicado
en el corazón de la naturaleza humana y del viaje de la vida, incluso si, en
ese momento, le puede parecer angustiante o desesperante.
Es así como yo le hablé a Xavier sobre la masturbación, indicándole que
ese problema del destino a reservar/dar a su energía sexual se plantea a muchos
adolescentes de su edad. Igualmente,
Bernard y Christian me han oído decir que, para muchos de entre los que se
encuentran entre la infancia y la adolescencia se plantea la cuestión de
partir, salir de la adolescencia rápidamente, sin darse la vuelta ni mirar
hacia atrás, o sino tardarse un poco,
tener miedo y sentirse triste, etc …
Y paradójicamente, incluso si yo le dijo que él es un humano entre otros
humanos, yo no niego la parte de originalidad que el adolescente
reivindica. A él que anuncia a menudo
“ Yo soy el único de mi especie y yo soy normal ”, al referirse a la
acepción “ no-enfermo, no-monstruo ” de ese término, a mi me parece
que eso es lo que yo le confirmo, y ese es el núcleo de nuestro destino de
nosotros los humanos !
B) Esta aplicación un poco particular
de la información, que uno podría llamar
“ confirmación de humanidad ”, me conduce a hablar más de la
intención de “ tranquilizar ” y de otras maneras de concretizarla.
Querer tranquilizar ese joven, que busca su camino junto a nosotros,
puede ser bien útil siempre que eso no lleve a llenarlo de ilusiones sobre el
excepcional valor de su ser, ni sobre algún “ angelismo ” del mundo.
El objetivo se limita entonces a que él crea mejor – o continúe a
creer - en su valor único, asumiendo que él no es ni perfectamente
competente, ni perfectamente bueno. Se
trata también de mostrarle que él vive dentro de un mundo que no es ni
perfectamente amoroso ni perfectamente protector : él puede contar, por
supuesto, con su entorno, pero sólo hasta cierto punto, más allá del cual él
está solo.
Esta intención de “ tranquilizar ” realista no lo convencerá
ipso facto como el buen viejo método de Coué : habrá que escuchar
largamente las razones que él tiene para no sentirse contento consigo mismo ni
tranquilizado por los demás, y luego informarle sobre nuestras eventuales
diferencias de percepción al respecto, sabiendo al mismo tiempo inclinarnos a
veces, frente a la intensidad con que algunos pueden “ aferrarse ” a
una mala imagen de sí mismos y del mundo.
[ NOTA
explicativa : Emile Coué es el descubridor del efecto placebo.
Farmacéutico francés, persuadido de la fuerza de la auto-sugestión, Coué, para
librarse de un cliente cascarrabias, le propuso una prescripción de agua
destilada. Esta prescripción fue
realizada de manera meticulosa e insistiendo en la importancia de beber ese
líquido. Ocho días después el cliente
vuelve para agradecer a Coué por la eficacia de su medicamento. Ahí nació el concepto de efecto
placebo. Luego desarrolló las terapias
centradas en la autosugestión consciente y el pensamiento positivo, una de
cuyas versiones modernas es la “terapia centrada en soluciones”.
Emile Coué formalizó su
método en una frase y comprometía a sus pacientes a repetir veinte veces
seguidas, tres veces al día : “ Todo los días y desde todos los
puntos de vista, yo voy cada vez mejor ”. Texto tomado de : http://www.methodecoue.com/methode.htm]
¿Cuáles son las intervenciones que podrían contribuir a una
“ tranquilización ” realista ? :
- Primero y antes que todo, es en nuestra inversión propia hacia ellos y
nuestra aceptación de cargar con su sufrimiento junto a ellos, que un joven y
su familia leen con más seguridad el valor que ellos tienen para nosotros.
- Igualmente, nuestra escucha empática y, paradójicamente, nuestro respeto
de su libertad, los tranquilizan también bastante en lo que respecta a las
competencias que les reconocemos [10].
- No es raro que la angustia del joven o de su familia se encuentre más en
lo que él se va a convertir que en su situación en ese momento : ¿No está
él en riesgo de muerte ? ¿O volviéndose loco ? ¿O monstruoso ? Entonces, la
intervención que yo llamo « confirmación de humanidad » puede matar
dos pájaros de un tiro, al tranquilizar sobre el valor de ser y atenuando al
mismo tiempo las angustias más inmediatas.
Por otro lado, en el campo de las informaciones, nosotros podemos a veces
proponer una hipótesis de explicación de un gesto aparentemente absurdo y/o
inquietante, lo cual puede dar seguridad en cuanto a la improbabilidad de una
desorganización más grande.
Ya hemos descrito tales hipótesis, a propósito de Sybille
( traumatismo ante el nacimiento de la hija menor ), y a propósito de
de Bernard ( traumatismo de su propio nacimiento ).
A veces, no es inútil hablar del tiempo que puede durar la problemática
que surge de manera dolorosa el día de hoy [11] :
Por ejemplo, decir y volver a decir, a tal adolescente gravemente
deprimido, en pleno hoyo negro, e incluso aunque a uno le parezca estar
clamando en el desierto, que la duración probable de su mal puede ir de algunos
meses hasta un año, después de lo cual su placer de estar vivo
volverá … : esta evaluación puntúa a la vez la gravedad que uno
reconoce a su problema, y también puede introducir un lugar para la esperanza.
Haber dicho a la familia de Christian, sobre la base de mi intuición en
cuanto a la dimensión edípica-conflictiva de su fobia escolar ( trastorno
de ansiedad por separación ), que ésta lo invalidará probablemente durante
un año, constituye una indicación que les da ánimos: en el momento del balance
final, ellos me volvieron a decir que habían vivido esas palabras como una de
las intervenciones más positivamente determinantes ( destacadas ) de
la terapia.
Última ilustración, que ha tenido mucha utilidad con jóvenes ansiosos,
depresivos o en conflicto en cuanto a la dependencia o independencia: discutir
con ellos y con sus familias la proposición que sigue :
“ Aceptar crecer psicológicamente no implica ipso facto que uno
corte el lazo que lo une a sus padres ni, sobre todo, que uno se vaya de la
casa familiar [ la regla en Europa cuando el joven ya
trabaja ] ”. Se ganaría con
meditar sobre esta idea, de la cual uno puede pensar que ella es tanto
verdadera como falsa. En cuanto a mi,
yo prefiero que un joven adolescente ansioso la haga suya: si en esta momento
de su vida él quiere crecer – en sus opiniones, por ejemplo, o en una
cierta autonomía de gestión de su vida cotidiana -, pero sin dejar la
seguridad del nido familiar, y si sus padres están de acuerdo, ¿por qué
amenazarlo mostrando la ecuación “ crecer=partir ”? Más tarde, el tiempo hará su obra, y la
elección tranquilizante de sus trece años no será necesariamente la suya a sus
diez y ocho años …
C) Al final, al terminar este cuadro
en medios-tonos de nuestra identidad como
terapeuta, yo propondré un último toque de color, que se superpondrá
parcialmente a la escucha, la información y la
“ tranquilización ” :
Nosotros estamos confrontados a la tarea apasionante de reconocer el
crecimiento del joven y de señalárselo.
Incluso si ese crecimiento pasa por idas y venidas y parece a veces
fijarse, muchas cuestiones que se plantea el joven tornan alrededor de él mismo
en el día de hoy y en el mañana, y de la gestión de la angustia, de la
depresión … o del sentimiento de ser todo-poderoso.
Aquí también, es esencialmente a través de la calidad de nuestra escucha
que él se sentirá reconocido. Yo ya he
indicado que esta escucha llega hasta tomar acta calmadamente de sus silencios
y de su rechazo de estar ahí, en consulta.
Accesoriamente, otros pequeños gestos dirigidos hacia él contribuyen a
ese reconocimiento de su crecimiento. Cito, en
desorden :
- Preguntarle su opinión sobre tal o cual evento del que somos testigos los
dos, él y nosotros. Pedir su ayuda
– mental, esencialmente - para resolver tal problema material o
humano cuya solución no tenemos actualmente.
- Pedirle que participe financieramente a su terapia, si nosotros pensamos
que eso tiene sentido en su caso.
Personalmente, yo no hago sistemáticamente : incluso para el pago
de su terapia, el joven sigue siendo dependiente de sus padres y yo temo que un
“ pago simbólico ” le parezca a veces como un juego gratuito. De todas maneras, hay que poder evocar esa
cuestión del dinero.
- Sin violentar a ciertas angustias que resultarían imposibles de superar,
pero sacudiendo un poco el confort, el principio del placer, pedirle a veces
que tome distancia con respecto a su familia, a través de sesiones separadas,
porque nosotros tenemos “ necesidad de reflexionar con él solo ”. A veces incluso, nosotros podemos estimular
un poco los padres a ese respecto : “ Como ustedes no pueden
transportarlo a esa hora, ¿no podría él tomar el tren él solo ?”.
- Y por fin, simplemente hablar. Hablar del crecimiento, tanto con los padres como con el
joven. En sesión de terapia familiar,
utilizar los pequeños eventos o intercambios verbales espontáneos (“ Christian,
siéntate bien ”) y analizarlos en términos de tener en cuenta o no el
crecimiento.
- Uno podría extender esta lista de algo que no representa más que
concretizaciones de un estado mental …
|
Conclusión |
Al terminar este artículo, me parece haber
descrito un « sendero de navegación », más bien estrecho, con
meandros a menudo inesperados, pero comoquiera apasionante a recorrer, para
quien tiene una mirada positiva – una especie de ternura divertida y sin
embargo respetuosa - hacia esa edad de la vida.
¿Meandros
inesperados ? Yo he insistido mucho sobre la importancia de la
flexibilidad y de la creatividad, sobre todo en lo que respecta al marco y a
los útiles de trabajo – hasta e inclusive la sucesión de los
interlocutores, padres y/o adolescente.