La sexualidad actuada por los niños y los adolescentes

 

 

PRIMERA PARTE : GENERALIDADES

 

 

J.-Y. Hayez[1]

 

Capítulo I: Definir la sexualidad       

La sexualidad es un dinamismo interno, una fuerza de unión que opera en el conjunto de nuestro ser (corporal, intra psíquico, social); en primer lugar  pulsion, se despliega en una gran mayoría de individuos en deseos, fantasmas, proyectos y actividades. La sexualidad contempla esencialmente a la reproducción de la especie, es decir, a la transmisión y a la lenta evolución del genoma. En su dimensión más espiritual, ella contempla también a la creación de relaciones afectivas positivas de distintos órdenes. Su práctica implica un placer corporal que, para un gran número, se convierte en un tercer objetivo autónomo o adjunto al anteriores.

 

I. La reproducción de la especie; en esta se incluye la cría de los pequeños

 

No se encuentra obviamente esta primera finalidad en la sexualidad de los niños ni de los jóvenes adolescentes. A lo sumo se puede suponer que se preparan poco a poco, mediante conocimientos y familiarización con su proprio cuerpo sexual  y  el del otro sexo.

En cuanto a los adolescentes más viejos y a los adultos, la gran mayoría de ellos se adhiere pronto o tarde al proyecto de darse una descendencia y esto, no en función de un instinto, pero en el marco de un proyecto humano reflejado ( paternidad responsable)

 

II. La creación de relaciones afectivas positivas    

Otra finalidad de la sexualidad reside en la realización de una unión emocional positiva con otro o con sí mismo. Esto ya puede prescindir  en las actividades sexuales físicas: .cuando hay un socio, éste representa a menudo más que una fuente de placer física: cada uno vive de la reciprocidad en el intercambio del placer; el socio es un camarada, un amigo y finalmente es el o la  de que nos enamoramos.

Pero la energía sexual es también apta a sublimarse, es decir, a trasladarse de la actividad sexual física y a transformarse en sentimientos, en proyectos y en actos emocionales positivos de todo tipo, desde la ternura hasta la dedicación. Esta capacidad y esta riqueza emocional se manifiestan muy precozmente en la vida del niño, que muestra claramente su deseo de amar y ser amado.

Y hay también la unión positiva a sí mismo, hacia que se dirige una parte de la energía sexual. Gracias a qué, a partir de su todavía joven edad, el niño puede apreciar su cuerpo de muchacha o muchacho,  velar por él, asumirlo personalmente siendo su propia “buena madre”,  proporcionarle un bienestar y placeres físicos de todo tipo.

Puede también apreciar su ser, tenerse ternura, aprecio y orgullo con respecto a sí mismo.

 

III. La búsqueda del placer erótico

 

La búsqueda del placer erótico es una finalidad no de la sexualidad, pero proseguida mediante el ejercicio de la sexualidad. Los seres humanos tienen una apetito más o menos intenso por el placer y  entre otras cosas, por el placer erótico. Rápidamente aprendieran a disociar la investigación del placer de las finalidades naturales de la sexualidad y a dedicarse al placer para sí mismo, a veces de manera intensiva.

Llega incluso al tema humano de buscar el placer contra una finalidad natural: entonces, su socio sera en peligro, puesto que se llega a veces hasta a dañar a esta persona para encontrar aún más placer… o es uno mismo que se maltrata, a veces más allá del entendimiento, para obtener un placer masochista.

 

CAPÍTULO II Sexualidad, libertad y obligacion

        
§1 Definiciones

 

I.  La sexualidad que queremos

El único criterio que define este polo, es que nadie, del exterior, de manera

inmediata o diferida, no ejerció o ejerece presión sobre el autor del acto sexual aqui concernido para que lo produzca .

. Es lo que llamo la sexualidad “consentida, actuada o deseada”, que constituye uno de los polos de todo lo que es posible.

 

Se constata entonces que una buena parte de estos actos consentidos constituyen la prueba de la buena evolución psicoafectiva del niño. Son actividades que llamo pues “normales, de desarrollo sano”.    
 Otros al contrario dan prueba de una evolución preocupante, o incluso francamente patológica de la personalidad, transitoria o no: Pensemos por ejemplo en las actividades perversas, en los abusos cometidos contra otros, o a una vida sexual
muy abundante, que se expresaría sin la menor retención…

 

Algunas actividades preocupantes se limitan a cometerse una vez u otra, aisladamente, en una persona  - adulto o niño - que encontrará de nuevo bien rápidamente su buena conducta usual: Es lo que llamo  los momentos de descontrol; se estudiarán al segundo apartado del presente capítulo; a pesar de ser breves, puedne ser graves, por ejemplo cuando llevan a abusar de otros.

 

Por otra parte, si se considera el grado de preparación interior de estos actos cometidos sin presión externa, se constata que se distribuyen sobre una curva de Gauss: A un extremo, la preparación es en exceso larga : un adolescente puede ya pensar a las nueve de la mamana a la masturbacion de tipo perverso que hara a las  9 de la tarde.

En el centro la secuencia preparación => realización, aparece como razonable a los observadores externos.

Al otro extremo, se trata de actos impulsivos:

- o sea por falta de socialización, por preponderancia de “necesidad de placer inmediata” en la persona (Cfr el párrafo consagrado a la sexualidad sin retención)

- o sea al término de una presión y de una lucha intensa que termina por fallar: el niño descarga entonces cuanto más o menos brutalmente sus impulsos sexuales, sin estar orgulloso de lo que hace: volveré a hablar con respecto a la sexualidad efectuada bajo los auspicios   de angustia y culpabilidad.

 

II. La sexualidad obligada          

Al contrario de la sexualidad consentida, hablo de sexualidad “sufrida u obligada” cada vez que el niño está bajo la presión de un tercero, y realiza una actividad sexual que, básicamente, no quiere.

Existe sin embargo un gradiente de gravedad en cuanto a estas actividades sufridas. Conviene mencionar ya que nuestras sociedades tienen demasiada tendencia por meterlo todo en el mismo bolso:

- Al extremo benigno  del gradiente encontramos las “espinas sexuales” : ellas son comúnes. El porcentaje de menores que se enfrenta e espinas una u otra vez en su vida de niño o adolescente es difícil de afirmar con certeza, pero no me asombraría que sobrepasa un 50% de la población: la normalidad estadística, en alguna manera.

- Al otro extremo, son los abusos más graves, los más viciosos, lo más hirientes. Tan las espinas como los abusos mas graves se describirán en la tercera parte. Cada uno puede imaginar lo que pueden ser los actos de gravedad intermedi.

 

III.  Y  en  justo en medio?          

Nada no es sin embargo simple. Para una serie de actividades sexuales a 2socios o mas, es difícil, si no imposible, determinar si se tratara de actividades mutuamente consentidas u obligadas. Se está verdadera y a veces definitivamente “en la duda”.

 

1. Es el caso por ejemplo cuando el niño solicitado es ambivalente a la idea de una actividad sexual y en consecuencia, que su respuesta falta de claridad.

Una dimensión de si  tiene deseo, y otra rechaza la idea (por angustia, por culpabilidad, en referencia a valores, etc …) Ante la tensión, este niño se muestra vacilante, ambiguo, incapaz de pronunciarse de manera estable en un sentido o l `otro. El que invita  aprovecha para insistir. Desoues,  si se cogen, este último destacará con más o menos de buena fe el hecho de que la huésped ambivalente estaba de acuerdo y éste afirmará que no lo era          .
Veremos sin embargo en la parte consagrada al acompañamiento, que es posible entonces publicar que nos encontramos en una situación de duda,  sin que el diálogo ni la acción educativa resulten paralizadas            .

2. Es este aún el caso cuando un niño o  un adolescente dice claramente “Si”í y luego que, en plena decadencia de la actividad sexual, grita repentinamente “ No, no quiero ya” ¡ Una otra manera de administrar su ambivalencia! No es fácil sin embargo - si no prácticamente imposible- para el compañero en plena excitación sexual el detenerse: ¡no se tiene siempre un cubo de hielo a su disposición! Pienso que tales situaciones no deberían calificarse en sí de abuso (a reserva de diferencias de edad aceptables entre socios)

 Es diferente si una persona cambia de dictamen con el paso del tiempo, y dice “No” en un momento dado, suficientemente mucho tiempo antes de la actividad sexual siguiente. Aquí, se abusa si no se tiene en cuenta su nueva denegación.

3. Este podría aún ser el caso en las situaciones que tenemos aquí, y que tienen lugar entre menores sin diferencia de edad excesiva[2] : uno de ellos tiene secretamente miedo del otro, o es habitualmente muy pasivo, y sólo deja  apenas entrever su posicion de no estar acuerdo: se somete, habitualmente sin mucha creatividad participativa. ¡Implicado por su excitación o por su deseo de amar, el otro no observa esta reticencia…
si son cogido, el primero indicará generalmente algo de su estado interior de rechazo, pero él no había enunciado nada!

IV. Situaciones de apreción delicada 

-         E aquí al menos una: Son los amores, incluyendo las actividades sexuales, que se viven recíprocamente entre un joven adolescente púber, que no ha alcanzado aun la mayoría de edad sexual legal en su país, y parejas netamente mayores (: adolecentes mayores o adultos). Hablando legalmente, estos son abusos cometidos por este último. Psicológicamente hablando, eso puede ser otra cosa.    
La sociedad admite, con una sonrisa, que una señorita de dieciocho años se « meta » con un amante de cincuenta años…. Porque el amor de una joven de catorce, quince anos y de un adulto de treinta años el seria ipso facto, dañino? Es cierto, es bueno que puntos de referencia y limites existan en las sociedades, para mantener el orden. Pero todos aquellos y aquellas que los trasgreden no son a causa de demonios, y mejor valdria, a veces, que nos cerremos los ojos y ratifiquemos algunos de los misterios recíprocos de los deseos humanos. 

- E aquí otra : En una institución, un preadolescente de doce anos, reputado poco socilizado, y impulsivo -, es sorprendido entregándose a un juego de toques sexuales con una autista de once años, conocido en el grupo por sus masturbaciones compulsivas.  Frente a los adultos,, el juro que no la vilento, y de un cierto punto de vista, es verdad. ¡Pero, se puedue afirmar que él no "jugó" con la docilidad pasiva de esta compañera de grupo? ¿O tenía la senorita  tambien    verdaderamente ganas y él tuvo la intuición?

En las dos partes que siguen, no tendré la ocasión de estudiar en detalles todas las situaciones intermedias. Al lector pues debe demostrar creatividad para administrarlos.

 

§2. Los momentos de desvio sexual  

El fenómeno se describe en el libro “La sexualité des enfants J. Y. Hayez, Odile Jacob, 2004, páginas 167-172. En resumen:

El adulto[3]  aquí concernido, respeta habitualmente las límites sexuales intergeneracionales. Sin embargo, un triste dia, puede desviarse y implicar al niño en una experiencia sexual (o casi) : él cede pues a una tentación transgeneracional, bajo la presión de un conjunto de factores.

Entre éstos, puede existir algo de provocación que emana del niño.

A continuación, y eso resulta definitorio del concepto de momento de desvio, el adulto va a reanudarse rápidamente. Después de una o algunas veces espaciadas sobre un plazo de tiempo bastante corto, va a poner fin a su divagación y no lo repetirá más (o, en el peor de los casos, unas o dos vez sobre la duración de una vida); sera el miedo de tener problemas de seriedad, la voz de su conciencia o a veces también la resistencia y la desaprobación inmediatas o diferidas emanadas del niño quiénes le impulsaran a detenerse. En los mejores casos, adulto y niño vuelven a hablar juntos, el primero para explicarse como lo puede y presentar sus excusas. En los casos menos favorables, un silencio más o menos molesto y definitivo hace consecuencia a los acontecimientos.

 

Algunos desvios son graves accidentes, tipos de colisiones frontales, como una violación o una relación sexual completa al parecer acordada con un niño joven.

Existen también formas más ligeras o más turbias de descontroles sexuales, como cuando un padre comienza por se resuelve por entrar al baño, se excita y termina por pedir a su niña de ocho años que lo masturbe, evitando que ella observe su eyaculación… Aquí, tiene vergüenza después de dos o tres veces y no va más lejos.

¿Cómo enfrentar?

Es necesario distinguir los intereses humanos del niño y los del adulto que  ha caido. En la medida en que el niño no se curaría completamente solo del “encendido” precoz o del traumatismo sufrido, tiene derecho a los cuidados requeridos por su estado.

¿Cómo tratar precisamente a los adultos autores de un desvio?

- Desaprobar el acto y recordar la Ley.

- tomar en cuenta los posibles problemas de la persona y curarlos.

- Fomentarle a utilizar sus recursos positivos en el futuro.

- Velar a su lado por la no repetición.

- Esforzarse que exista un diálogo con el niño implicado en el desviol, sin ejercer violencia en éste; velar por que el adulto repare el daño causado. Este diálogo, si tiene lugar, debe conseguir excusas presentadas y actos de reparación. En cuanto a la aplicación institucional,  no me parece  absolutamente necesario desencadenar procesos socio-judiciales oficiales muy pesados allí donde hay posibilidad de diálogo, presencia de buena voluntad y vigilancia del tejido social informal.

 

Capítulo III : Meditaciones sobre una observacion

 

§ I. Primeras señales en torno a cuatro años

 

En las sociedades occidentales, la vida sexual comienza a observarse en el niño en torno a sus cuatro años. “Vida sexual” debe ponerse de acuerdo al sentido usual del término: interés por las zonas genitales del cuerpo y comportamientos que lo expresan concretamente. Antes de cuatro años, el niño ya puede afectar su sexo a la ocasión, agarrarlo en caso de tensión o designar el sexo de otros, pero por casualidad o en la decadencia de una exploración general de los cuerpos, sin intencionalidad más específica.

Esta vida sexual visible se acompaña probablemente muy rápidamente de actividades mentales (elaboración de imágenes, ideas, cuestiones, teorías, proyectos… de naturaleza sexual)

 Antes de sus 4 anos, cuanto el niño es  joven, más hay interes y busqueda de placer por otras partes del cuerpo, en referencia a procesos y con objetivos idénticos: interés para la micción, la defecación, el ano, la boca, incluso otras zonas inesperadas a las cuales el niño atribuye el mismo poder que a sus órganos genitales. A medida que él envejece, y por poco que él sea bien de salud mental, el niño reduce ampliamente las inversiones de estas zonas conexas[4].

 

§ II. ¿Por qué este interés precoz y a menudo constante?

¿Por qué exploraciones sexuales, o incluso actividades a connotación erótica comienzan así pronto y se amplían en mucho, generalmente sin conocimiento de los adultos?

I.El desarrollo de los órganos y funciones del cuerpo humano estan habitualmente muy bien organizados y sincronizados. Una extraordinaria “inteligencia de la vida ” lo previo así: las funciones parecen activarse en el momento en que se vuelven útiles a la progresión de la vida del individuo y a la de la especie, es decir, a nivel biológico, a la transmisión a la generación siguiente del genoma del cual somos depositarios.

“Lógicamente”,  cosas deberían situarle así, más que nunca, para el aparato sexual, en el centro de este proceso de transmisión.    
 ¡Y bien no! Existe un hiato temporal bastante increíble: el niño puede descubrir sus órganos genitales , jugar con o incluso dañarlos, o más frecuentemente acostumbrarlos a usos que desvían con relación a la lógica de la vida (la investigación o incluso el culto del placer)
y puede pasar años, antes de que tenga la madurez fisiológica para procrear. Y aun mas tiempo antes de que su cultura de pertenencia o antes de que su inteligencia y sus valores le aconsejen programar lo que considera constituir un paternidad responsable.

II. ¿Por qué? Una serie de pedagogos afirman que es “para prepararse”: en alguna sentido, rodar sus órganos genitales y titubear en los actos de encuentro del otro, hasta encontrar cómo conseguir “el total”            
Bah, esta hipótesis teleológica nos hace sonreír: no es tan complicado para una hembra dejarse penetrar por un varón, a
pesar de todo… y cientos de juegos sexuales o masturbaciones previas no cambian nada a la angustia de la primera vez y a las torpezas que implica y que, para muchos, no hacen de esta el mejor recuerdo del mundo.

¿Y si no existiera respuesta racional a la cuestión? Describiremos en la segunda parte una lista de factores biológicos, intra psíquicos y externos que contribuyen al despertar de la sexualidad. Pero alegarlos no explica básicamente porqué la naturaleza (o el Espíritu) ha puesto así precozmente a disposición del niño partes tan preciosas de su cuerpo, para darse a muchas experiencias que el elige hacer (a menudo) o que se lo obliga a hacer (más raramente: es el siniestro ámbito del abuso sexual ( Furniss T., 1993; Hayez J. allí., de Becker E., 1997))

 

§ III. ¿Lo que resulta?

 

I. Al acceder a la adolescencia, luego a la edad adulta, el gran número sigue siendo portador del proyecto de transmisión y quiere concretarlo por la procreación. Por este gran número, en nuestras sociedades occidentales, mucho quieren hacerlo de manera “responsable” programando, juiciosamente, el número y las modalidades de su descendencia. Al menos tanto como a la transmisión genética, es a la transmisión espiritual que se ligan: se puede ilustrarlo mediante todos estos pares (o incluso estos individuos) donde existe obstáculos biológicos a la procreación natural, y que pasan por la procreación asistida o por la adopción.

Al objetivo procreativo del actuar sexualmente, este mismo grupo integra casi sistemáticamente a la creación y al mantenimiento del vínculo amoroso; ¡vínculo cuya existencia se celebrará recíprocamente por la sexualidad al objetivo no procreativo, habitualmente bien más abundante! En este tercer milenio, vínculo de amor no es ya sinónimo de fidelidad para la vida, . ¡Los vínculos se hacen y se deshacen!
Además para muchos humanos, la búsqueda del placer, en sentido amplio del término, se convierte en un objetivo “artificial” de su sexualidad, susceptible a disociarse de todo el resto. Este placer, lo encuentran o en las relaciones llevadas con su compañero sentimental, o fuera: es especialmente patente en la adolescencia donde coexisten mucho tiempo en el desorden masturbaciones y otras actividades agradables solitarias, juegos sexuales y otros momentos “de explosión de goce” compartidos con otros, vínculos de amor más bien inestables y repetidos al principio, donde se integra pronto o tarde la sexualidad física.

II. Un subgrupo minoritario no se adhiere al proyecto de transmisión de la vida, esté debido a dificultades físicas finalmente aceptadas (por ejemplo: parejas estériles sin niños adoptados), sea porque no lo quieren (por ejemplo: solteros en el alma, la mayoría de las parejas homosexuales). Como los miembros del primer grupo, se comprometen en proporciones y con mezclas variables en el vínculo amoroso y en la sexualidad-placer, hasta a veces no invertir más que ésta. : Este puede aún ser normal y transitorio en una parte de los adolescentes, antes de la creación del vínculo.

 

 

 


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SECUNDA PARTE : LOS NINOS Y LOS ADOLESCENTES, AGENTES DE SU SEXUALIDAD

 

 Capítulo I: Factores para despertar u obstáculos

 

§ I. Introducción

I. Describiremos cuatro categorías de factores susceptibles o de favorecer el despertar de la sexualidad, o de obstaculizarlo. Llamaremos el primero: “Fuerza endógena de la vida” Segundo factor: los otros humanos, testigos, comentaristas, represores, socios de la aparición y del crecimiento de la sexualidad y también, ocasionalmente, objetos directos de esta.         

Nos gusta comparar el desarrollo de la sexualidad al de un árbol frutal. Más allá de un símbolo de fecundidad la imagen nos agrada, por la complejidad de la organización de las ramas, sus caminos tortuosos, las ramas principales que terminan por separarse, más o menos de una forma clara: complejidad que da  cuenta del desarrollo multiforme de nuestros intereses sexuales, acabando por constituirse de los caminos más maduros y más fuertes, y también de una abundancia de “ramas bajas” (Stoller R., 1985).    
 Y para  el árbol-sexualidad, los otros humanos constituyen como el calor del sol o el frío, la calidad de la tierra y el agua que lo alimenta…

 

El tercer factor, son unas instancias intra-psíquicas que realizan sus objetivos específicos sirviéndose de la actividad sexual, sin concurrir por eso a las finalidades más fundamentales de ésta. Sin embargo, para "satisfacer" estos factores, el niño aprende a mantener y a ampliar su vida sexual.

 En fin, el ser humano está dotado de inteligencia y de libertad: son las últimas instancias que lo conducen a la mayoría de los casos a una elección propia y a decisiones personales, en asignatura sexual como en muchos otros dominios de la vida.

&II. La fuerza endógena de la vida

Nosotros nos debemos de citar primero este factor fundamental de activación de nuestras vidas biológicas e intra- psíquicas. ¡Incluso si su naturaleza, su composición más precisa y los procesos de su funcionamiento quedan medianamente misteriosos! A  querer explicarlo demasiado, entramos rápidamente en el lenguaje de la medicina de Molière! Nosotros nos limitaremos a comprobar que:

 

·        -El fenotipo del niño  se despliega progresivamente; en este está incluido su aparato sexual y, por lo menos en parte, sus disposiciones de espíritu alrededor de la sexualidad. La llegada a la madurez de este fenotipo lograra en gran número  tarde o temprano asegurarse una descendencia, es decir a participar en la continuación de la aventura genética así como en las alegrías espirituales de la relación y de la transmisión.

Veremos en lo siguiente que la presencia y las actitudes de los otros humanos, contribuyen ampliamente a la abertura o al marchitamiento del desarrollo sexual: así, por ejemplo, el adolescente o el joven adulto que permanece significativamente autista no tiene verdadera vida sexual – excepto unas masturbaciones erráticas– probablemente porque él es incapaz de « captar al otro(a) » en su unidad global y de entrar en relación con él.

 

·        El despliegue de nuestra sustancia- nuestra naturaleza más profunda-, es de un cuerpo, pero también de un « mundo intra- psíquico » (pensamientos, proyectos, inteligencia, valores, ejercicio de la libertad, etc.). Ciertas realidades en nosotros son por otra parte mixtas, corporales y psíquicas (los afectos, sus propulsiones, los deseos…). Una pregunta fundamental hay que saber si nuestro despliegue psíquico es totalmente subordinado a nuestro cerebro y a otras señales que vienen de nuestro cuerpo, o si existe y una subordinación parcial a la asignatura cerebral y una dimensión de trascendencia del Espíritu.

Esta última hipótesis nos reenvía en poco a lo Sobrenatural y la existencia de esta entidad que llamamos Dios. Esta pregunta esencial no será discutida sin embargo  en este texto; todas las consideraciones que siguen, contienen descripciones e hipótesis científicas y  convienen por tanto a los lectores materialistas o espiritualistas, donde estamos nosotros.

§ III. La influencia de los otros humanos sobre la sexualidad del niño

 

I. Introducción

 

Catalogaremos esquemáticamente a los seres humanos que rodean al niño en tres categorías:

- Los padres: los que toman el lugar de estos y los otros, más a menudo los adultos, que tienen una responsabilidad educativa fuerte y directa (por ejemplo: los profesores).

- Los contemporáneos, los y las que pertenecen a la misma generación que el infante particularmente sus compañeros, amigos, incluso aquel o aquella al que tarde o temprano va a amar.

- La sociedad en su conjunto: persona moral que influye sobre el infante a partir de su organización, sus ritos, su cultura, sus leyes, etc.

 

Todos estos humanos son susceptibles de influir sobre el devenir sexual del niño en referencia a su testimonio de vida o a actitudes o comentarios directamente destinados a éste. Además el niño vive a algunos de ellos directamente   como objetos de deseo o repulsión sexual.

Más allá, otros no influyen más que por su exterioridad: interiorizamos <cualquier cosa> de lo que son, dicen y hacen, con algunas remodelaciones vinculadas a nuestra subjetividad. Constituyen en nuestra memoria consciente o inconsciente como un álbum de fotografías móvil, que ejerce un poder sobre nuestras reflexiones, cuestiones, proyectos y decisiones. Hasta cierto punto, los otros viven en nosotros, de manera continua, incluso cuando no están presentes en carne y hueso.  No se detienen a hablarnos para hacernos sugerencias internas más o menos vinculantes. No obstante que, nuestra libertad no vuela en pedazos

Sin embargo, en el marco limitado de esta contribución escrita, nos limitaremos a enumerar las principales funciones mediante las cuales movilizan la vida sexual del infante, a partir de su exterioridad     

II. El testimonio de vida espontáneo

 

Es un factor de influencia fundamental. El niño se impregna de la manera de ser espontánea del otro, sobre todo cuando es más viejo, cercano afectivamente y accesible a la observación; entonces, este otro puede constituir un modelo de referencia[5]. Las personas más concernidas aquí son pues los padres y algunos mayores de una forma menos previsible, pero en los que tal niño en particular invierte mucho.   
 Por supuesto el niño no es el testigo usual de la vida sexual de estos adultos; debe pues encontrar completamente solo o con la ayuda de sus pares, qué forma tomará su propio itinerario sexual.            
Pero es bien testigo de muchos “corolarios y acompañamientos” de esta vida sexual ¿Cómo los adultos, y sobre todo sus padres, manejan sus sentimientos de amor y amistad? ¿Qué lugar dan al placer? ¿Qué equilibrio encuentran entre placer y trabajo? Cómo administran la relación con su socio: ¿dominar, negociar, dejarse hacer? Es esta espontaneidad que el niño observa y que  lo “marca”, al sentido más completo de la palabra.

 

III. Despertar el niño a la alegría de tener un cuerpo sexual o refrigerarlo.

 

A) Aquí el papel de los padres durante los primeros años de la vida es fundador (++++)[6]: a través de sus gestos y palabras de ternura, sus sonrisas, la suavidad  de sus cuidados, dan no sólo directamente placer al bebé, sino que reconocen también implícitamente el valor de todas estas pequeñas inversiones corporales y  enseñan pues al niño cómo querer su cuerpo y hacerse bien. Y es todo el cuerpo que recorren: la cabeza, la boca, los miembros, la parte posterior y los genitales, sin dar a estos últimos ni más ni menos importancia que al resto. Se alegran también cuando el bebé juega completamente solo con su cuerpo: como es agradable, sus dedos del pie que chupa… al igual que la concentración y los primeros esfuerzos voluntarios que hace para defecar… resumidamente, cuando el ambiente es positivo, contribuyen enérgicamente a instalar la sensualidad del niño.


 Más tarde, cuando éste tiene cuatro, cinco años, sus actitudes deben transformarse: el niño más viejo se aventura solo en la vida social y no busca ya en sus padres  las únicas ni principales fuentes de ternura física: a éstos entonces, corresponde el dar los incentivos que confirmen este primer despegue y viaje al externo: ¡sustituirán una buena parte de la ternura física por otra, a dimensión de  solicitud más espiritual  dirán pues al niño que  están orgullosos de él,  más bien que hacerlo saltar sobre las rodillas! - ; le estimularan para que se vincule con verdaderos amigos(as) de su edad, etc.

 

En una minoría de los padres falta total o parcialmente este movimiento “acariciar- liberar”:

- En referencia a su historia de vida, algunos son incapaces de tratar las zonas genitales del pequeño con la misma naturalidad que al resto. Los ignoran o vuelven alrededor con desconcierto y culpabilidad; por consecuencia serán los que más repercuten negativamente en la sexualidad infantil naciente. Es muy precozmente que pueden introducir en sus hijos la idea de un misterio de inseguridad y quizá  de malo en torno a esta parte del cuerpo.- Porque son deprimidos, no disponibles o porque no quieren al niño, otros padres no llegan a crear este despertar de la sensualidad y del amor dirigido a sí mismo. Entonces su niño no vive de verdad  su cuerpo como “cercano y amistoso” sino más bien como un desconocido más o menos congelado; ¡su sexualidad se controla, vinculada a algunas necesidades físicas irregulares, no en condiciones de abrirse e integrarse a su afectividad!

- Otros por fin no llegan a hacer evolucionar sus primeros intercambios sensuales: algunos niños aceptan entonces el permanecer como los objetos - peluches de estos padres no inmaduros sino ya perversos y se muestran poco aptos a desarrollar una sexualidad genital que conquista.

 

B) En este primer campo, los pares desempeñan a menudo un papel complementario más modesto  (++): cuando le gusta al niño  uno (a) camarada o uno (a) amigo (a), aprecian también recíprocamente su cuerpo y comparan sus méritos físicos respectivos; gestos de ternura física discreta y algunas exploraciones sexuales ocasionales no les desagradan, y en consecuencia el niño recibe re forzantes positivos de su amigo.  Pero si tal niño tiene algunos defectos físicos y, peores aún, si carece de confianza en sí y no sabe venderse en el mercado del otro, entonces, aparecen los daños: el grupo de los pares puede mostrarse  cruel, señalar las faltas y contribuir a crear la vergüenza de tener un cuerpo, incluyendo en este las partes sexuales.

C). En cuanto a la sociedad, su papel en este primer campo es también complementario (+). Si elogia el poder de atracción físico y los placeres del cuerpo, las influencias que ejerce por este intermediario es más fuerte en el adolescente que en el niño y no ayudan siempre ni a uno ni  al otro a querer su cuerpo tal como es (véase por ejemplo la idealización de la delgadez, que contribuye a una serie de anorexias en las jóvenes muchachas). Por otra parte, la sociedad de consumo es una fuente abundante de excitaciones sexuales, por sus estímulos muy variados que celebran el placer físico… aquí también los preadolescentes y adolescentes son más sensibles que los más jóvenes.

 

IV. La función de información

 

A) No es la que los padres administran mejor (+). Comprobación que puede chocarlos, visto su deseo contemporáneo habitual de hablar claramente al niño de sexualidad y de no culpabilizarlo, y vista la montaña de información escrita u oral que existe sobre la educación sexual. Sin embargo, el  resultado sigue siendo a menudo ambiguo y decepcionante:

- Por una parte, es verdad que los padres contemporáneos entran aún más que las generaciones anteriores en un proceso de información más o menos hábil. Pero siguen estando sobre todo centrados en campos biológicos. Pueden añadir que un día, cuando los niños serán grandes, su sexualidad será una buena cosa y que ganará al vincularse con el amor. Por el tiempo que corre, hablan incluso de  peligros inherentes: ¡los pedófilos cuando se es pequeño y no protegerse cuando se es adolescente!

- Esto deja sin embargo numerosas zonas de sombra: sigue siendo raro que los padres compartan lo que estaría más en el orden del testimonio, comunicando - en respuesta a las interrogaciones más profundas del niño - su itinerario con relación a la sexualidad,  sus propias cuestiones e incertidumbres, así como el sentido personal que atribuyen a la sexualidad.

Sigue siendo raro también que reconozcan la existencia de la sexualidad tal como se construye en “el hoy” de su niño, y que hagan comentarios a propósito de esta. Y si caen sobre un ejercicio práctico, se seguirá  a menudo un tipo de convulsión emocional y una represión sin demasiados matices: volveremos a hablar en el párrafo siguiente.

 

¡Partes truncadas y dobles mensajes en su información!

 

B) La información más pertinente, el niño se la da completamente solo, por el juego de su curiosidad y su espíritu científico (++). No sin pasar por momentos de angustia en torno a sus derechos, alrededor de la normalidad de sus órganos, con a veces  la idea anticuada que podría haberlos dañado utilizándolos como ya lo hace: ¿el fuego que Prometeo ocultó del mundo de los dioses no valió el sacrificio de tener su cuerpo martirizado para la eternidad?

Existe otra fuente de información de gran valor, estos son los pares (+++): los otros similares, que van sobre el mismo camino de descubrimientos progresivos, angustias e incertidumbres. ¡Es pues en las aulas, los campos de recreación de las escuelas  o en las chozas más o menos disimuladas que se hace la verdadera información sexual, mediante la división de un conocimiento que se conquista progresivamente - no sin errores! - y mediante  variadas experimentaciones en común. En los adolescentes, , los foros en Internet vienen a completar estos momentos de reflexión científico-erótica: recorriendo los intercambios consagrados a la sexualidad en los sitios web que les son familiares[7], nos ha afectado siempre constatar, más allá de su lengua cruda mencionando sus prácticas probablemente libres y variadas, lo ansiosos que seguían estando de informarse mutuamente, de sostenerse los unos a los otro por la división de sus experiencias y sus incertidumbres. Y aún cómo se intercambiaban no sólo información concreta, sino también  sus cuestiones y sus convicciones sobre el sentido de la sexualidad: el valor “compartir” (compartir el placer y la afectividad) está siempre muy bien presente.

C) Es también observando y escuchando la vida espontánea del mundo social  que el niño completa su información sobre la sexualidad (+). Hoy no se disimula ya mucho: no debe ya espiar ni conquistar un conocimiento, sólo tiene que recogerlo con pala, en particular, en el universo de los medios de comunicación y de Internet. Desgraciadamente, el paradigma de los conocimientos que entroja sigue siendo la imagen de Bill Clinton y Monica Lewinski: lo más grande de los padres sociales que se comprometen en un puro asunto de sexo físico, e intentan negarlo  como un niño tomado en falta.         
 El mensaje de la sociedad de consumo oficial es mayoritariamente: Viva el sexo físico, el sexo que se compra o que se consume, respetando un mínimo de prohibiciones (no verdadera violencia, no pederastia… pero aparte de eso:  you like it, just do it )[8].      


V. Estímulos, tolerancia o represión

 

A) Muchos padres siguen siendo espontáneamente más represivos que lo que se representan conscientemente: desalientan la curiosidad del niño, sólo respondiendo a sus cuestiones más embarazantes  por ideas generales o por el silencio: ya hemos evocado quecasi nada se comunicación sobre la naturaleza y el sentido de su sexualidad actual. Se oponen a que, más allá de los cuatro, cinco años, el niño se exhiba desnudo[9], muestre sus órganos sexuales en público o se interese de más cerca por los suyos en la sala de baño - prohibición no inútil del todo, pues anima al niño a desarrollar el pudor y la discreción -.

 

¿Y si sorprenden un ejercicio práctico? Algunos padres “conectados” pueden disculparse suavemente y volver a cerrar la puerta detrás de la cual está un joven masturbándose desatento de las cerraduras; dentro de las horas que siguen, a veces hasta le comentan, un poco avergonzados, que es natural y que también lo hicieron a su edad… pero más a menudo, ellos pronuncian la prohibición de seguir, con emociones  negativas. Es la norma casi cuando la actividad sexual no es solitaria: los sex-jugadores alegres se hacen  reprimir con más o menos dramatización.         

Por supuesto represiones severas, espantosas, culpabilizantes y a menudo injustas   dañan a la expansión del niño y generan núcleos de neurosis o una  neurosis completa. Sin embargo, la represión contemporánea puede ser “más suave” y no referirse más que a la continuación del acto, sin evaluación moral; puede hasta acoplarse a momentos de tolerancia donde los padres cierran los ojos sobre el ejercicio inicial de la sexualidad, en parte porque quieren hacer coincidir la teoría y sus actitudes concretas, en parte porque piensan que la sexualidad de sus niños no les compete, siempre que no se manifieste por señales preocupantes (Werbrouck D., 2001).      
Este ambiente donde alternan represión moderada y tolerancia es lo más interesante probablemente para el desarrollo sexual del niño (++): lo incita a mezclar momentos de obediencia y retos. Me parece bueno que los padres actúen así: no podrían “dar” al niño el derecho y los medios de su sexualidad, como al igual no pueden “dar” la independencia. La sexualidad es un territorio que se conquista personalmente o entre pares, a veces ante los celos, la reprobación y  la inseguridad causada en la generación de los mayores

La actitud opuesta, completamente permisiva, es el hecho de padres  jeunistes[10] que se sienten más como amigos de los propulsiones de sus niños que como educadores.
 Y hay también los padres “voyeuristas
que no respetan los territorios íntimos de su niño.
Hay en fin  los que hacen sencillamente reinar un clima incestual, dónde una sexualidad turbia y posesiva invade las relaciones padre-niños, con el paso de los “guiños de ojo” sexuales incorrectos (por ejemplo: alusiones salaces al pecho naciente de una preadolescente…).Al niño  no le gustan  a menudo estas actitudes, que considera como amenazas a su independencia; más raramente, se abandona al juego un poco perverso de compartir demasiado territorio y placer sexual con su padre… al final, puede surgir el verdadero incesto.

B) Los pares ejercen mayormente una función positiva de estímulo,  (++). En los mejores de los casos, se proponen el uno con el otro: curiosidad, deseos y retos compartidos y estímulos mutuos; aceptación ocasional de constituirse en “objetos” sobre que la sexualidad de un amigo o de un enamorado se dirige y en consecuencia momentos de sexualidad compartida; capacidad de hacerse respetar, es decir, de hacer saber a el que solicita, cuando proceda, que una actividad sexual sana no se impone: es necesario negociar el consentimiento del otro; desarrollar la capacidad de seducir, y de aplicar juegos preliminares de seducción[11] .

A la ocasión, los mayores inician también cadetes de manera sana, es decir, en la perspectiva de volver los más jóvenes competentes en el ejercicio de una actividad sexual, aquí considerada como una adquisición positiva[12] .

¡Los pares enuncian también la prohibición de lo que es de verdad desviando, al menos cuando “eso podría convertirse en serio” es decir, a partir de la adolescencia. Al hacer la hipótesis que los foros de Internet reflejan bien la espontaneidad de sus comunicaciones, se ve que, si se dan el derecho de una sexualidad libre bajo sus principales formas contemporáneas 10, se muestran por el contrario castigadores sin piedad para el incesto, la pederastia, las violencias en materia sexual o las perversiones.  Frente a la lectura de sus pares, tan anónimos como pueden ser, declaran incluso que no son grandes aficionados de pornografía… a ver!

Ciertamente, no es frecuente que la relación con los  pares combine armoniosamente todas estas funciones, siempre en respuesta agradable a las necesidades del momento del niño; pero el resultado es más bien a menudo positivo y no al revés. En el fiel negativo de la balanza, recuerden que los pares, al igual de los adultos, pueden cometer de vez en cuando violencias sexuales, que apenan al niño y le hacen vivir la sexualidad como un mundo globalmente negativo. No obstante, la más ligeras de estas agresiones, raras y aisladas, constituyen “espinas” sexuales en las cuales el angelismo del niño se pela: no es divertido tener los pantalones bajados a causa de un juego de los más grandes que se burlan y huyen, cuando se tiene cinco u once años. Cualquier sea ello, o algo parecido hace sin embargo  parte de la vida de muchos y el niño aprende completamente solo a endurecerse un poco y a ser más prudente: ¡sin necesidad de alborotar al fiscal de la República no obstante! Otros  jóvenes pueden resultar híper-eróticos e implicar a un camarada o a una compañera  en experiencias repetidas de pura excitación física, que no contribuyen de verdad para que goce de su sexualidad dominándolo.


C) La sociedad en su conjunto no fomenta ni desalienta directamente la sexualidad de los niños ni la de los jóvenes adolescentes: aparte de vender a sus padres  innumerables manuales de educación sexual, les es bastante indiferente; más allá de declaraciones de principios y de campañas de prevención rápidamente recuperadas por los políticos, no toma en intensa y concreta consideración el  sufrimiento sexual que se da a ver o a adivinar en algunos de estos pequeños; es decir que ella carece de solidaridad efectiva.       
 Por otra parte, las fuentes de excitación existen, teóricamente destinadas a los adultos
11, pero viniendo regularmente afectar al niño directamente: al principio, eso puede ser traumatizante; poco a poco, la gran mayoría de los niños se adapta, pero debe administrar el mensaje social que dice que la sexualidad se resume al placer físico (Hayez, 2002)…  

¿Se puede preguntar por fin si la sociedad contemporánea es permisiva y laxa ante la sexualidad de los más viejos a partir de sus catorce, quince años? ¡Este no es quizá más que una apariencia! Más sutilmente, pensamos que no existe verdadera “democracia  sexual”, y que la sociedad es tan normativa como en la época victoriana. Sólo las aplicaciones hicieron una vuelta en 180 grados: Se decía antes “¿Te tocas? ¡Irás al infierno! ” Y hoy, no está lejos decir: “¿no te hagas la paja diez veces por semana? ¿No dejes a tu amiga porque tu pareja está un poco usada? ¿No eres BI? ¿No te gusta lo anal...tu eres de verdad cojudo…>> Las grandes misas siempre se celebran, con música y más varios celebrantes bien excitados a la vez, pero ya no en las iglesias! Más bien sobre los medios de comunicación a los cuales son aficionados grandes adolescentes y jóvenes adultos en búsqueda de liberacion de sus deseos

 

VI. Para concluir: una breve síntesis

 

La media de los niños, por cierto los que viven en las sociedades industrializadas, encuentra en sus padres actitudes precoces positivas que les dan deseo de invertir positivamente su cuerpo sexual. Cuando crecen, estos padres y sus prójimos les dan un determinado número de informaciones sobre la sexualidad, pero truncadas; enfrentados a la realización directa de la sexualidad infantil, mezclan a menudo momentos de tolerancia y represión moderada. Actitud que encontramos interesante, ya que incita al niño a seguir una conquista que se necesita a veces, arranca a la  generación de sus padres elementos de saber y de territorio. Es en sus pares que el niño encuentra la información más pertinente, los estímulos,  y los “objetos” directos para su sexualidad naciente. No es siempre angelical, hay a veces algunas espinas, pero es de sobra positivo, están incluidas la prohibición de las transgresiones más fundamentales: .

En cuanto a la sociedad en general, es más bien indiferente a las prácticas sexuales de los niños y adolescentes; no desalienta, no fomenta directamente tampoco y apenas ayuda al niño con problemas. Además ella transporta en un ambiente normativo y seductor un enorme número de estímulos en torno a la sexualidad-placer: son fuentes de excitaciones sexuales para los jóvenes aún más que de un verdadero conocimiento y de una ayuda a la maduración de su sexualidad.

 

§ IV. Los factores intra-psíquicos del despertar

 

I. Satisfacer la curiosidad

 

La curiosidad constituye una disposición fundamental del psiquismo humano: el niño observa, lee, plantea cuestiones; luego reflexiona para buscar, elaborar y estrujar el conocimiento de la humanidad. Experimenta y, de manera dialéctica, elabora teorías (síntesis de su “conocimiento” y de especulaciones para reducir las lagunas restantes). A continuación, pone sus teorías a la prueba in situ, mediante nuevas observaciones y nuevas experiencias. Cuanto más crece, más procede a un trabajo “inter jueces” comparando sus ideas con las de sus amigos y amigas.

Aplicados a la sexualidad, los objetivos de su curiosidad varían durante el desarrollo (Plummer K., 1991). Esquemáticamente:

- Entre tres años y medio y cinco-seis años, él cómo y el porqué de la constitución sexual de su cuerpo y del otro sexo, niños y adultos, así como la saga de los bebés. Esta búsqueda es activada no sólo por las lagunas de sus conocimientos, a colmar para convertirse en “grande”, sino también a veces por fuertes angustias: permanencia o no de sus órganos genitales; posibles transformaciones de su cuerpo; riesgos colocados por la llegada de hermanitos (“Me van a expulsar a mi que estaba antes allí?”) ; naturaleza de los ruidos raros, a veces sorprendidos durante la noche en la habitación de los adultos, etc.

- Entre siete y diez años, una curiosidad concreta, científica, referente al funcionamiento del sexo, con debates y experiencias de grupo (generalmente homosexuales - menosprecio por el otro sexo y retos para acercarlo). Sucede que estas experiencias toman formas aparentemente muy avanzadas, para saber con certidumbre: así la puesta de un pipi en boca de un compañero dentro los baños de una escuela primaria constituye a menudo una experimentación científica, que no tiene  nada que ver con un felación erótica, ni con un verdadero abuso sexual, aunque el conejillo de indias es presionado un poco por otros…: es la suerte de los animales de laboratorio

- En la preadolescencia (once-doce años) y en la primera adolescencia: ¿Cómo se actúa y juega en el recreo sexual de los grandes? ¿Cómo darse  placer, completamente solo, a dos o en pequeño grupo? Primeras zambullidas en el mundo del erotismo y de las actividades sexuales “serias” y compartidas   .
 El adolescente más viejo intentará, él también, a maneras variadas, masturbarse y
entrojarse antes de” hacerlo”. La psicología y la reactividad sexual del otro sexo 12 lo intrigan también mucho: es que se  trata de ser un enamorado y un amante competentes… y  de ser igualmente amado!         

 

II. Imitar los mayores e identificarse con ellos

 

A) Al igual que juegan a la muñeca o a ser belicosos, los niños, sobre todo jóvenes, se aventuran a veces hasta juegos de papel sexuales y reproducen lo que creen que los adultos hacen: (« Somos el papá y la madre… tú te montas sobre mi” ; y si son sorprendidos: « No estabamos haciendo nada de malo, solo jugábamos »). Aquí pueden también tomar su fuente los juegos orales ya mencionados, que no tienen nada que ver con un erotismo a la Monica Lewinski !

B) El niño normal tiene precozmente deseos de convertirse en grande, haciendo suyo el comportamiento de sus modelos mayores. Son sobre todo los preadolescentes y los adolescentes que se identifican con los  mayores, accesibles y “liberados” en el campo sexual: si el Padre hace el amor sobre un lugar público (lo de las pantallas), sus hijos, para sentirse crecer, pasarán también precozmente a la acción.

 

III. Afirmarse, hasta desafiar las normas

 

A) Al niño le gusta afirmar la potencia de la vida en él: interesarse por el sexo, es ya no creer en Papá Noel; es realizar el hecho de que se convirtió en grande, que resulta capaz de reconocer las vibraciones de la fuerza sexual en sí y el sex-appeal de los otros.

¿Ya desde el banal “juego del doctor”, no reina implícitamente una afirmación de poder y saber, cualquier sea su apariencia sociable y altruista, hecha sobre un paciente dirigido como un bebé?

Una escalada de pretensiones de competencias es a