
Secretos
de familia,
confidencialidad
y
terapias.
|
"
La verdadera traición es seguir el mundo como él va y emplear el espíritu
en justificarlo » Jean
Guéhenno.
|
Jean
Yves Hayez
Tiene
el placer de proponerles :
§
I. Los secretos de familia.
§
II. Los efectos del secreto sobre aquellos que son
excluidos.
I
– En un cierto porcentaje de situaciones estamos en el derecho de pensar que el
contenido del secreto está en el origen de influencias negativas.
II
– Pero en otros casos, el no-compartir el secreto puede revelarse
estructurante
III
– Finalmente, también no puede suceder el hecho de ser incapaces de
predecir.
§
III. Con respecto a la confidencialidad y a los secretos: algunos principios
propuestos a los terapeutas.
§
IV. Elementos de procedimiento.
Bibliografía.
Notas
SECRETOS
DE FAMILIA. CONFIDENCIALIDAD Y TERAPIAS. |
J.-Y.
HAYEZ (1).
|
§
I. LOS SECRETOS DE FAMILIA. |
Por
secretos de familia, entenderemos, de manera restrictiva (2), los elementos de
información de los cuales se han apropiado uno o varios miembros de la familia,
excluyendo activamente a otros, de su conocimiento (Miermont, 1987; Benoît y
coll, 1988).
A
menudo, la información en cuestión guarda elementos del pasado, de un padre, de
un abuelo o de un ascendiente lejano, incluso “de la familia” como tal. Por ejemplo, hubo una trasgresión de la
ley, de una norma cultural, incluso ruptura con las creencias familiares…. Luego
de lo cual hubo consecuencias más o menos dramáticas: encarcelamiento,
colaboración con los nazis, marginalización, abuso sexual. Puede tratarse también de una enfermedad
vivida como inconfesable (psicosis, suicidio, violencia patológica), o incluso
el fracaso doloroso de una empresa (quiebra)… El secreto también puede concernir el
pasado del niño (sobretodo su filiación : inseminación artificial; otro
padre biológico, etc.). Pero,
también puede referirse al presente (relación extramatrimonial de uno de los
padres; dificultades financieras, enfermedad del niño o de un padre, trasgresión
actual de la ley… ) (Selvini,
1997).
A
menudo, la experiencia recubierta por el secreto es fuente de vergüenza, de
culpabilidad, de modificación negativa de la imagen de sí y/o de la
familia. Incluso si no se ha sido
los agentes directos, da la impresión a aquellos que saben que ellos y/o sus
familias están amenazados, tienen una tara y/o una deuda que pagar a la
humanidad, a víctimas identificadas, incluso a sus propios
niños…
Entonces
es necesario hacer de ello un secreto, porque la experiencia dolorosa
incriminada toca a la naturaleza incluso de las imágenes parentales y les parece
inconfesable (Ausloos, 1987).
Instituir el secreto, es evitar el cuestionamiento de las Imágenes
parentales, es enquistar cueste lo que cueste los afectos y las ideas negativas
y las deudas, eventualmente ligadas a la culpabilidad.
Así
definido, el secreto de familia es susceptible de muchas variantes y
particularmente:
-
En
cuanto a su contenido, a los afectos y representaciones mentales que genera y en
cuanto a la dinámica que induce en sus portadores: utilización con fines de
poder y de regulación de las relaciones, autoprotección y/o protección de los
otros, etc.
Autoprotección ?,
que va hasta « intentar olvidar, esconder en el fondo de su memoria »,
prohibirse recordar hasta con aquellos que también saben. En ciertos casos, incluso hay una
verdadera represión, con las salidas posteriores que conocemos: del éxito al
fracaso pasando por el regreso travesti.
Sin
embargo, ciertos autores estiman que el niño, a veces, puede darse cuenta de
algo.. y reprimir el conocimiento.
Otros dicen entonces que el niño es portador de un enigma inconsciente
(Cahen, 1986). El está como
‘habitado’ por un fantasma, él es como un castillo fantasma (Diatkine,
1984). N. Abraham y M. Torok
desarrollaron el modelo de la cripta, es decir de una represión estática en el
adulto que guarda el secreto: “En el vientre de la cripta se guardan sin poder
decirse, parecidas a búhos en una
vigilancia sin descanso, las
palabras enterradas vivas. Todas
las palabras que no han podido ser dichas, todas las escenas que no han podido
ser recordadas, todas las lágrimas que no han podido ser vertidas” (Abraham y
Torok, 1978). Es un duelo imposible
e indecible que está en el origen de la cripta, y esto va a resurgir en las
generaciones siguientes como un fantasma fijado: el futuro del secreto guardado
por el padre en la persona del niño, es como extranjero al sujeto que lo
lleva.
-
En
cuanto a la identidad de los portadores.
Ciertos secretos son conocidos de un solo individuo: la esposa sabe que
ella tiene un amante, el niño tiene prácticas secretas que lo culpabilizan (3) y
(4), el padre descubrió un drama vergonzoso en su familia de origen y lo guarda
solo para él, etc. Otros son
conocidos por los dos padres o los niños (5), por ejemplo, el hijo mayor se
droga, el hermano más grande y su hermana menor tienen relaciones sexuales. Por otro lado, existe una alianza entre
un niño y un padre (el niño parentificado, aquel del cual se abusa sexualmente,
aquel que conoce los avatares sentimentales de su madre…). Y hay otras posibles combinaciones, que
incluyen la familia extensa (por ejemplo: los abuelos) o incluso personas
extrañas.
-
En
cuanto a la manera en la cual el secreto fue conocido: por coincidencia, en
referencia a una curiosidad – ella misma, secreta – por transmisión explícita,
etc.
|
§
II. LOS EFECTOS DEL SECRETO SOBRE AQUELLOS QUE QUEDAN EXCLUIDOS DEL
MISMO. |
Nos
guardaremos de generalizar con respecto a esto, como siempre, es la escucha, la
reflexión y el diálogo caso por caso los que permiten hacer hipótesis posibles
en cuando a estos efectos.
I
– En un cierto número de situaciones, estamos en el derecho de pensar que el
contenido del secreto está en el origen de influencias negativas que pesan sobre
aquellos que quedan excluidos del mismo y a veces incluso sobre los otros
también.
A
– Este « peso negativo » a menudo es poco
específico.
Por
ejemplo, los padres se preocupan y se sienten inseguros por el contenido y las
implicaciones del secreto que absorbe misteriosamente una buena parte de su
energía; o incluso, están deprimidos, culpables o viven sentimientos de
inferioridad.
Su
comportamiento general indica las marcas: deben hacer trámites misteriosos,
imponen prohibiciones de frecuentación – o viven el odio, aparentemente
incomprensible, de otras familias –, se aislan, el ambiente de la casa es
pesado, se instalan largos silencios: como una mancha de aceite, se habla cada
vez menos de otras vivencias, como corolario, se instalan mentiras, mitos
familiares rígidos que imponen una imagen idealizada de la
familia.
-
El
niño excluido del secreto sufre este ambiente: asiste a estos comportamientos
misteriosos, se le llama la atención cuando pregunta y no puede descifrar nada
de algunos de ellos. Su angustia
puede verse incrementada ya que imagina fantasmas incluso todavía más terribles
que aquellos que surgirían si supiera.
También puede participar en la depresión de todos y vivir vagamente que
su familia es retrasada sin saber muy bien porqué, también puede vivir la herida
narcisista y el sentimiento de inferioridad típica de aquellos que se adivinan
excluidos de algo importante.
-
Su
curiosidad intelectual también puede sufrir los efectos de la imposición del
silencio y de la prohibición de la búsqueda del saber : en el peor de los
casos, frente a sus primeras preguntas que quedan sin respuesta y que le son
replanteadas como transgresiones, el niño censura su deseo de saber (Diatkine,
1989). Otros adivinan, en parte
porque el secreto se ha filtrado (Tisseron, 1996), pero piensan que este saber
es malo y que no pueden ni poseerlo ni compartirlo: entonces, inventan
malentendidos ansiógenos y/o plantean comportamientos extraños, simbólicos, que
son la continuación lógica de lo que han entendido y que también tienen una muy
tímida función de llamado de ayuda.
Los más frágiles, probablemente predispuestos cerebralmente, se
construyen ideas delirantes en el marco de descompensaciones
esquizofrénicas. Para algunos,
finalmente, una manera menos negativa de vivir su curiosidad intelectual,
consiste en desarrollar una pasión fuertemente simbólica (arqueología, genética,
psicoanálisis…).
B
– Pero el efecto negativo sobre tal niño en particular igualmente puede ser
específico. He aquí algunos
ejemplos:
-
Niño « cargado » de verguenza y de culpabilidad ya que es el fruto de
una filiación ilegítima, niño inquietante que podría enojarse con sus padres y
rechazarlos si supiese un día (por ejemplo, que él es
adoptado).
-
Niño “puesto en ambiente” en el marco de una alianza perversa (él sabe que su
madre tiene un amante) y que lo vive con omnipotencia y
culpabilidad.
-
Proyecciones negativas hechas sobre el niño, por ejemplo : él es el único
varón de la familia y/o es impulsivo y/o
tiene ciertos rasgos físicos que recuerdan irresistiblemente al abuelo
delincuente del cual no se puede hablar… al ver funcionar al niño, entonces se
reviven los afectos y las preguntas, reprimidas o conscientes, ligadas al
abuelo; se interpela al niño como si fuese su fantasma, poco a poco, el niño
tiene una cierta presciencia del secreto: “La mentira que está constituida en
secreto se transmite gracias a las reglas que impiden su revelación… porque son
cada vez más hablantes, cada vez más recordadoras” (Ausloos, 1987, p. 73). Luego, sobretodo en la adolescencia, él
podría verse tentado por un pasaje al acto, cuyo significado más radical se le
escapa y escapa incluso a su familia, cualquiera que sea el simbolismo del cual
el acto está cargado (Miermont, 1987).
-
Demanda sutil hecha al niño para que “repare el destino”: por ejemplo, debe
funcionar como se imaginan que lo habría hecho el hermano muerto del cual no se
puede hablar (cfr., el concepto de delegación de Stierlin. Si él tiene éxito en su delegación, la
familia se ve tranquilizada… pero él?.
Si él fracasa: deuda de lealtad y trastornos
diversos).
II
– Pero en otros casos, el no compartir el secreto puede demostrarse
estructurante :
Así
sucede cuando no concierne absolutamente en nada al niño, sino más bien a la
vida privada de los padres y particularmente su vida sentimental; en estas
condiciones, y si además, la existencia del secreto no envenena la atmósfera
común, no hablar de esto con el niño, incluso responderle: “Esto no te importa”
puede constituirse en un acto sano de establecimiento de límites
intergeneracionales.
Otras
veces, el mantenimiento del secreto ejerce verdaderamente un efecto protector de
la angustia y de la depresión: es el caso cuando los padres logran esconder una
gran preocupación que les concierne solo a ellos. E incluso más, quien podría
jurar que la ignorancia del niño de ciertas realidades obscuras que lo
conciernen, siempre es psicotóxico?
No es una propaganda abusiva la de afirmar « El siempre sabe”? No vale más alinearse sobre su necesidad
de ser o de no ser informado, que es variable y fluctuante y que se adivina como
se puede? (Hayez y coll, 1995).
III
– Finalmente, también nos sucede el hecho de ser incapaces de predecir lo que el
niño sentirá, ya sea mejor o peor según qué sea puesto al corriente o permanezca
excluido de un secreto, que esté o no concernido por el contenido del
mismo : por ejemplo, uno de sus padres tiene problemas judiciales… su padre
biológico no es el padre que lo cría, pero la comprensión padres – educadores es
buena y no tienen ganas de hablar de esto de manera espontánea,
etc.
En
conclusión, no estamos seguros de la nocividad sólo de algunas situaciones
extremas, por ejemplo :
-
La
inhibición dolorosa de todos, fruto de la existencia de una realidad
permanentemente pesada, de la clase de un no-dicho para los portadores y de un
secreto amenazante para los excluidos.
-
Las
proyecciones negativas o las demandas de reparación del destino que se ponen
intensamente sobre el niño.
-
La
culpabilización activa del niño que busca saber, la mentira activa y repetida
con respecto a su búsqueda de verdad persistente.
Pero
a menudo, es mucho más incierto….
|
§
III. CON RESPECTO A LA CONFIDENCIALIDAD Y LOS SECRETOS : ALGUNOS
PRINCIPIOS PROPUESTOS A LOS TERAPEUTAS. |
No
nos es (6) difícil exponer esquemáticamente tres principios que guían nuestra
práctica. Sobre el terreno, es
menos simple que sobre el papel : existen numerosas situaciones – límites
donde la aplicación de estos principios debe ser bien reflexionada, e incluso
luego de la reflexión, todavía quedamos en la
incertidumbre.
I
– Existen dos categorías de situaciones terapéuticas donde es esencial que se
garantice ampliamente la confidencialidad entre el terapeuta y su
interlocutor : son las psicoterapias individuales de adultos, que han sido
denominadas y convenidas bilateralmente como tales. También son las psicoterapias
individuales de adolescentes en las mismas condiciones.
Aquí,
la garantía de confidencialidad, a menudo explícitamente evocada en el inicio
del tratamiento y vivida como tal por el cliente, es una condición importante
para que él se sienta “como en su casa” frente al terapeuta y para que se
comprometa con confianza: al menos así sucede para muchas personas, a medida que
progresan en edad. Para los otros y
especialmente para muchos adolescentes jóvenes, constatar que el terapeuta da y
mantiene su palabra puede interpelarlos positivamente y motivarlos a darse el
derecho de ponerse límites.
A
– Sin embargo, no pretendemos que la terapia individual bien formalizada de un
adolescente (incluso de un adulto) constituye a menudo la parte más importante
–incluso la exclusividad – del tratamiento de una situación. Pero, cuando se ha decidido incluirla en
el programa, es mejor que ésta – y probablemente ella sola – responda a esta
condición de estricta confidencialidad.
B
– Garantizar la confidencialidad en un módulo psicoterapéutico no significa que
no creamos en el valor de la comunicación.
Pero es el cliente el que tiene que decidir lo que va a comunicar o no y
proceder por sus propios medios.
Como corolario, según su temperamento y sus hábitos de trabajo, su
terapeuta individual le invitará a reflexionar en sesión a los riesgos y al
interés de comunicaciones bien dirigidas o se puede abstenir de
ellas.
C
– Garantizar ampliamente la confidencialidad no significa tampoco encarcelarse
en el silencio. Volveremos luego con esta excepción rara pero preocupante que
constituye la pregunta del peligro grave.
II
– la mayoría de las actividades de psiquiatras infanto – juveniles sin embargo
no está constituida por los dos módulos citados anteriormente: ellos operan muy a menudo en consultas
con objetivos diagnósticos, asesorías parentales, entrevistas terapéuticas
relativamente poco formalizadas con los niños o los adolescentes, solos o con
sus familias. Igualmente, ellos
llevan a cabo terapias familiares
estrictamente identificadas como tales y terapias individuales bien formalizadas
con niños más jóvenes hasta la entrada en la
adolescencia.
En
todos estos contextos, nos parece más sabio ampliar las fronteras de la
confidencialidad y de prever una amplia circulación de informaciones en la
familia nuclear (7), es decir, entro todos aquellos que están ligados por
vínculos afectivos naturales y poderosos y que deben vivir intensamente en lo
cotidiano los unos con los otros.
Por
qué razonar así ?.
A
– Porque nos parece a menudo enriquecedor que, en el seno de la familia nuclear,
cada uno conozca las grandes líneas de lo que viven los otros con respecto a
ellos: entonces uno puede explicarse, adaptarse, negociar o cambiar con
conocimiento de causa. En estas
estructuras donde se espera que reine cierta solicitud de los unos hacia los
otros, nos parece incluso deseable que cada uno conozca las grandes líneas de lo
que cada uno vive en general… dicho de otra forma, que cada uno identifique bien
quienes son sus compañeros de vida y lo que los mueve: las interacciones que
siguen nos parece que pueden ser más respetuosas de todos, al menos en la medida
donde cada protagonista lo quiere.
Que
no se equivoque sin embargo sobre el alcance de esta propuesta: ya que solo
indica una tendencia estadísticamente interesante. No se trata de aplicarla
sistemáticamente y a ciegas: cada miembro de la familia puede oponerse a ella si
lo encuentra importante (cfr. III), y el terapeuta guarda un poder de
apreciación en cuanto al interés y al contenido de cada
retransmisión.
La
idea más importante, allí donde reina una profunda hostilidad frente a un
miembro de la familia, a menudo es que es más útil escuchar a éste y a sus razones de ser, que
insistir con los demás sobre la vulnerabilidad y el sufrimiento moral del
miembro en cuestión.
La
idea más importante, es que sean retransmitidas las grandes líneas de lo que
cada uno vive y piensa, no el detalle de las experiencias o de los fantasmas de
los cuales ha hablado con el terapeuta ni el contenido preciso de sus dibujos y
de sus juegos en sesión. Permanece
aún un derecho a la intimidad de los contenidos experienciales. Solamente, se trata de que los grandes
movimientos intrapsíquicos que habitan cada uno sean conocidos por los otros, lo
que a menudo es más estructurante.
B
– La actitud inversa sería que el terapeuta garantice explícitamente la
confidencialidad frente a cada interlocutor individual (al menos cuando ha
salido de la etapa diagnóstica inaugural y que ha pronunciado la palabra
“tratamiento” o “terapia”).
Algunos
lo hacen serenamente, en referencia a valores (alrededor del derecho a la
intimidad, especialmente frente a un médico) y a su concepción de lo
terapéutico: lo respetamos, pero no comparto esta manera de
pensar.
Para
otros y sobre todo cuando es al niño más joven a quien se hace esta promesa, se
trata de la racionalización de una contratransferencia, poco reconocida como
tal : necesidad de formar una díada protegida con el niño; necesidad de ser
el único confidente importante; rivalidad con los padres o con otros
profesionales, etc.
Por
nuestra parte, estamos persuadidos que la mayoría de niños más pequeños no piden
tanto e incluso están angustiados – cuando no culpabilizados – por este deseo
del adulto que crea una situación artificial : en el fondo, a lo que ellos
hacen confianza es a la benevolencia y a la capacidad curadora del terapeuta
(Boutte, 1996). Es cierto que a ellos no les gustaría que el terapeuta les
angustie o les haga pasar vergüenzas exponiendo sin necesidad sus fantasmas y
sus anécdotas experienciales: de allí a pensar que ellos le prohíban contar las
grandes líneas de lo que viven y de lo que les preocupa, nosotros no lo
creemos.
Recordemos
finalmente que una vez que se ha hecho la promesa de confidencialidad, hay que
mantener su palabra y que por esta razón, a menudo uno se siente en el
impase : queda entonces la posibilidad de encontrar una salida, de una
manera o de otra, para que tal elemento importante sea retransmitido, sin que
esto tenga la apariencia de que se está haciendo precisamente
esto.
III
– En nuestra mente – asegurar la existencia de una retransmisión familiar de las
vivencias más importantes – invitamos a los miembros de la familia a la aventura
de la palabra sin quedarnos mucho sobre la cuestión de la confidencialidad. En el transcurso del proceso, les
motivamos a transmitirse los unos a los otros lo « más importante »
y/o organizamos entrevistas familiares de « transmisión facilitada”,
momentos donde serán ellos – de preferencia- o nosotros – si no hay otra opción
– quienes procederán a la retransmisión.
IV
– Sin embargo, la libertad humana, siendo lo que es, no siempre las cosas pasan
así : en el transcurso del proceso, tanto el niño o el adolescente, como
sus padres pueden demandar explícitamente que queden secretas ciertas cosas que
acaban de decir.
Las
razones de su demanda son muy variadas y uno gana al comprender bien la situación:
-
A veces, la demanda de secreto solo tiene algo que ver con su contenido: es la
aplicación de una manera de ser habitual frente al otro, que se repite a través
de varios signos; por ejemplo, el niño es percibido como “demasiado pequeño
para” (aquí, para saber)… o aún, el niño siempre piensa que lo que él hace está
mal y merece grandes castigos.
-
O entonces, a lo que la demanda se orienta, es a tener una alianza privilegiada
con el terapeuta y a conseguir poder sobre él.
-
Pero a veces también, es el contenido del secreto que se estima destructor, en
referencia a otros experiencias ya hechas con él que no sabe o en virtud de una
especie de idea a priori de su vulnerabilidad.
De
todas estas razones de ser del secreto, mejor vale impregnarnos al inicio,
probarlas de cierta manera, sin a priori, con una benevolencia flotante,
dándoles su oportunidad de convencernos o no. Si no nos aliamos al punto de vista de
la persona que lo pide, todo se vuelve más simple. En el caso de una negativa,
solo nos queda decir por qué preferimos que la comunicación exista y compartir
ideas con respecto a esto.
Y
qué hacer si la demanda del secreto persiste?. No sentirnos prisioneros de la
demanda y tomar nuestra decisión! A
menudo, será la de resignarnos por el momento a la demanda que se ha hecho, pero
hay que prever volver a hablar sobre esto en otras
ocasiones.
Más
raramente, la decisión será la de terminar el proceso terapéutico, explicándonos
y sin traicionar el secreto, así sucede las veces dónde estimamos que el
mantenimiento del secreto engendra un impasse terapéutico
total.
Muy
raras veces también, decidiremos no aceptar la demanda (lo más a menudo,
explicándonos con la persona que lo ha pedido) :
-
Por que mantener el secreto crea o engendra un peligro grave y cercano – a
menudo físico – y que levantarlo puede atenuar o suprimir este peligro
(Bechmann, 1995, p. 3078).
-
Y muy raras veces, frente a un niño (muy) joven, porque nuestro deber de
buentrato nos invita a dar parte a sus padres de un elemento clave necesario a
la educación : en estos casos, atribuimos a este deber un valor superior al
respeto de la demanda hecha por el niño.
|
§
IV. ELEMENTOS DE PROCEDIMIENTO |
Los
describiremos a partir de la situación paradigmática siguiente : unos
padres consultan con respecto a un adolescente depresivo e incluso
suicidario. Dos terapeutas, A y B,
los reciben, intentan comprender las implicaciones, luego acuerdan una fórmula
de trabajo flexible : habrán sesiones de reflexión con los padres y el
joven (o con toda la familia nuclear) y A + B ; sesiones monogeneracionales
para los padres y A; y otras para el adolescente y B. A y B acuerdan también lograr
concertaciones regularmente, totalmente (secreto compartido) (8), entre otras
razones para planificar cada vez la organización de algunas sesiones
siguientes.
I
– Los objetivos y las condiciones del trabajo han sido presentadas a todos de
manera ligera y clara. No hay
discursos pesados y amenazadores, pero algunas palabras simples: “Es importante hablarse.. (para el
adolescente) : comprender mejor lo que pasa en tí … (para los
padres) : comprender mejor lo que se vive frente a él y cómo acompañarlo
bien … habrán encuentros comunes y otros separados … éstos servirán también para
preparar lo que se dirá a los otros (es decir a aquellos que están ausentes); se
intentará transmitirles un resumen de lo que se vive
verdaderamente”.
Al
presentar las cosas de tal manera, implícitamente, la confidencialidad protege
la familia nuclear, pero no aísla a cada individuo en una burbuja artificial en
el seno de ésta. Es importante
notar que en la fórmula terapéutica escogida, no consideramos que el adolescente
está inscrito en una terapia individual bien formalizada (9): la
confidencialidad de las entrevistas con él no es una obligación con respecto al
resto de la familia nuclear.
De
allí, a decir que B no tendrá en cuenta el interés de una intimidad y de una
habituación de este adolescente con respecto a su intimidad, hay un paso a no
franquear.
Nos
parece posible proponer todo esto simple y serenamente, como condición implícita
de un bienestar y en el marco de una esperanza que se tiene sobre este
aspecto. Se puede permitir a los
padres y al adolescente reaccionar brevemente a la propuesta, pero sin
angustiarlos inútilmente. Y luego,
ganamos al continuar sin tardanza la aventura de la palabra ya iniciada en las
primeras entrevistas.
II
– Imaginemos entonces que los padres tengan un secreto – por ejemplo, el abuelo
paterno se suicidó y el adolescente recuerda el carácter de su abuelo -, e
inclinémonos sobre el trabajo llevado a cabo por el terapeuta A y estos padres,
en sesiones monogeneracionales.
A
– Una primera eventualidad es que los padres no hablen espontáneamente de su
secreto, pero que su existencia infiltre tanto su manera de ser espontánea como
su discurso : aspectos depresivos inexplicados, falsas huidas,
inhibiciones, rechazos o racionalizaciones de evitamiento en el momento de
ciertos recuerdos, etc.
Un
terapeuta experimentado puede tener un presentimiento, es decir, sentir que un
no-dicho pesado los carcome y que ellos no se atreven a abordarlo. Según lo que
él sienta con sus interlocutores y según su temperamento y sus hábitos de
trabajo propios, este terapeuta puede esperar o plantear una u otra intervención
más activa destinada a facilitar el recuerdo temido.
En
el rango de éstos últimos, algunos abordan directamente la cuestión :
« Tengo la impresión que algo les pesa y que ustedes no se permiten
decirlo ». Otros son más
alusivos y evocan las razones de ser de las resistencias (« A veces no nos
gusta abordar ciertos temas: tenemos miedo de tener vergüenza, o aportar a la
destrucción en la familia, o no ser leal…”). Puede ser útil, luego, esquematizar una
información sobre lo que pasaría luego de la evocación: incluso desinflar los
fantasmas inquietantes, encontrar mejores soluciones, conservar la estima del
terapeuta, incluso ver más claro en los sentimiento con respecto a algunas
personas, etc….
B
– La etapa siguiente puede ser entonces que los padres revelen el secreto que
tienen con molestia y angustia y añadan inmediatamente « es un gran
secreto… ».
En
otros casos, la revelación es espontánea, ya sea porque los padres no avanzaban
más, ya sea porque quieren enseguida controlar al terapeuta haciendo de él un
aliado en el conocimiento… y el mantenimiento del
secreto.
Como
quiera que sea, es altamente deseable que el terapeuta conserve su serenidad con
respecto a esta nueva etapa de su relación con los padres. Serenidad en cuanto
al contenido del secreto : no ha escogido su profesión, in fine, para
calmar a los otros de sus malestares morales?. El recuerdo de uno de éstos por más
horrible que parezca, no debería ser vivido como el preludio de un trabajo de
liberación de lo que los encadena?. Serenidad también en cuanto a la nueva
dinámica que acaba de instalarse: más allá de lo que le indicaría un fantasma
ansioso arcaico, el terapeuta no es prisionero de lo que acaba de pasar: tiene
que reflexionar como se debe y de preferencia en compañía de aquel que acaba de
revelar el secreto y luego, guardar intacto su poder de decisión. Incluso si, de facto, el decidirá a
menudo alinearse a los deseos del portador del secreto.
Si
el terapeuta conserva su serenidad, probablemente no escuchará surgir en él casi
inmediata e imperativamente la idea « el joven debe saberlo »
(10). Cuándo esta idea es muy
urgente, probablemente es la racionalización de vivencias contratransferenciales
variadas (con respecto a la rabia de sentirse excluido, por ejemplo… o con
respecto al rechazo de sentirse poseído).
C
– El terapeuta se mantendrá mejor al permanecer centrado empáticamente sobre lo
que acaba de escuchar y a motivar a los padres a ampliar lo que ellos viven con
respecto al secreto.
Esquemáticamente, pueden hacerlo a lo largo de tres
ejes :
-
Qué representa, para ellos, conocer lo que conocen? (11). Es que eso ha cambiado algo en
ellos?. En su manera de ver el
mundo?. Y en lo que ellos viven con
respecto a los protagonistas de la experiencia en el corazón del secreto?,
etc…
-
Qué representa para ellos, guardar el secreto? (Con respecto a los niños, al
mundo exterior, etc. ).
-
Su silencia se funda más bien sobre un a priori (angustias, una concepción
personal de fronteras intergeneracionales o valores de
educación) o sobre una observación del niño, de su sensibilidad y de sus
reacciones frente a ciertos tipos de información…
-
(Y sobretodo cuando ha habido una revelación espontánea) Cómo se sienten ellos
luego de haber hablado de su secreto? Qué representa esto de haberlo dicho a su
terapeuta? Qué esperarían de él si todo pasa exactamente como ellos lo
desean ?, etc.
Cuando
el terapeuta motiva estas ampliaciones, pocos veces permanecen cautivos en una
estricta posición de escucha.
Muchos comparten ideas personales (informaciones, sugerencias…) en eco a
lo que han escuchado. Algunas de estas ideas permanecen centradas sobre la
vivencia propia de los padres. Por
ejemplo, el terapeuta puede intercambiar con ellos con respecto a la
ineluctabilidad de faltas en nuestras vidas humanas: aquellos que las cometen se reducen a
éstas? Hay la posibilidad de perdón ?, hay herencia y deuda para las
generaciones siguientes?, Cómo se repara esto ?. Sobre qué, la sociedad debería fundar su
estima para una familia ?, etc..
El puede intercambiar también con respecto a la depresión, la enfermedad
mental, el suicidio y lo que induce en los sobrevivientes, etc… Otras ideas intercambiadas pueden
concernir la comunicación del secreto o su mantenimiento.
Como
las ideas de los padres, estas ideas de los terapeutas son susceptibles de
apoyarse sobre a priori (por ejemplo con respecto al valor de la comunicación):
igualmente pueden fundarse sobre fenómenos observados y prudentemente
interpretados: por ejemplo, comportamientos del adolescente excluido parecen
recordar la angustia frente al misterio, él hace alusiones verbales más o menos
claras, etc.
D
– Al intercambiar de esta manera serenamente y sin precipitación, pueden suceder
varias cosas:
1.
Podemos terminar por pensar que no es importante que el niño aprenda ciertos
secretos de la boca de sus padres, incluso es mejor que ellos guarden silencio
porque ejercen entonces su derecho a la intimidad, en el mismo orden de ideas, a
veces es preferible que el niño adquiera el conocimiento por sus propias fuerzas
(por ejemplo, particularidades de la genealogía, sin tabús
« mortales » que pesan sobre algunas de ellas), querer decir todo al
niño – por ejemplo querer colmarlo de informaciones sexuales – a veces procede
de un deseo de maternaje omnipotente.
2-
En otros casos, vivimos una profunda incertidumbre en cuanto al interés del
mantenimiento o del levantamiento del secreto. Continuar reflexionando con los padres –
sin hacer de esto un tema obsesivo -, observar y escuchar al niño sin empujarlo,
discutir con colegas… pueden ayudarnos a hacer una apuesta menos
mala.
Felipe
(13 años) es distímico de hace largo tiempo, y cada 18 meses más o menos,
presenta un episodio depresivo mayor.
Su relación con su madre es tensa, se siente en ella una cierta
ambivalencia frente a hijo, parece preferir a su hermana. La mamá está de nuevo embarazada
« por sorpresa », duda, reflexiona con nosotros, decide guardar al
bebé… luego habrá un aborto, del cuál tardará meses en decirnos que ha sido
inducido y a expresar su vergüenza y su culpa con respecto a esto… Pero “estaba
por encima de mis fuerzas… y luego, ya tenemos tantas dificultades con
Felipe !. Si el bebé iba a ser
como él! Felipe no sabe nada del aborto…. Oficialmente, su madre está muy
afectada por el aborto. Algunos
meses después, en sesión de terapia, él dibuja una madre-barco que ataca su
pequeño barco que no quiere y lo envía al fondo del mar. De qué pequeño barco se trata? Y qué
hacer?.
3.
Por otro lado, los intercambios con los padres los convencen de levantar el
secreto. Pero aún así, hay
que:
*
No precipitarse y verificar que su motivación se volvió personal (no por
conformismo y para darnos gusto!).
*
A veces, ir hasta preparar el momento de la revelación (por ejemplo a través del
juego de roles), incluso ayudarlos y funcionar como
facilitador.
*
Volver a hablar luego de lo que se vivió con respecto a la revelación: con
respecto al contenido del secreto, del silencio largo tiempo guardado, etc. Ayudar a disipar los malentendidos
residuales y proceder con el niño y los padres, juntos o
separados.
4.
Quedan entonces las veces, donde los padres quieren mantener el secreto contra
nuestro punto de vista, con motivaciones variadas y variablemente movilisables
(miedo, convicción profunda, vergüenza remanente, etc.).
a)
En la mayoría de estos casos, ganamos al decidir poner nuestro punto de vista en
suspenso y aceptar la elección de los padres sin ceder a la impaciencia ni al
pasaje al acto (Epelbaum, 1995), nos esforzamos luego en mantener el diálogo
sobre lo que ha sido necesario para la edificación y el mantenimiento del
secreto ( G. Diatkine, 1984).
Es
que en efecto, el mantenimiento y el manejo de éste, “firma” la relación entre
el portador del secreto y los otros: para el portador, manejar su estilo
relacional como cree es cosa muy importante (Mairesse, 1988). Habitualmente, él no se justifica de
imponer del exterior un cambio importante – real y simbólico en este caso – al
mundo relacional querido por el portador: se sentiría desposeído, no solamente
de su secreto, sino también de su derecho de manejar su vida y las consecuencias
podrían ser muy negativas (ruptura de la relación terapéutica, depresión,
descompensación psicosomática).
b)
La única excepción imperativa a esta elección está constituida de la alianza, lo
hemos evocado al exponer nuestros principios: es impensable mantener un secreto
cuya existencia conlleva un peligro grave para otro y cuya revelación, creemos
que lo atenuaría o lo suprimiría; “peligro grave” a menudo es tomado en el
sentido restrictivo de peligro físico.
Otra
excepción, rara también, y ya más discutible, está constituida por los secretos
de los cuales tenemos la convicción que su mantenimiento conduce el proceso
terapéutico a un impasse total.
Podemos entonces poner fin a éste invocando un pretexto secundario sin
traicionar el secreto. Pero hay que mirar dos veces antes de tomar esta decisión
que a menudo consiste en dejar al niño solo para manejar su angustia impotente:
quedar presente a su lado, señalando al mismo tiempo a los padres nuestra
diferencia de punto de vista con su elección puede ser menos desesperante para
el niño.
c)
Cuando el secreto es mantenido, el terapeuta que se encuentra frente a un
excluido del secreto está en una posición análoga a éste : en nuestro
paradigma (12), el adolescente debe construirse frente a un misterio que le hace
sombra, pero que le está prohibido explorar claramente, el terapeuta sabe, pero
no puede decir nada de lo que él sabe.
Cómo
reaccionar entonces si él tiene la impresión de que el adolescente « da
vueltas alrededor del secreto » cuyo conocimiento está oficialmente
prohibido ?.
El
debe guardar silencio, pero puede comprometerse, pero de manera
no pesada, con un ligero guiño de ojo benevolente que significa para el excluido
“Tu idea (o tu pregunta) no es ni estúpida, ni mala, pero no puedo decirte nada
en respuesta”. Incluso, puede
motivar discretamente a esta persona a ejercer su curiosidad y a pensar sin
tabús : « Qué crees tú ?, qué imaginas tú ?, es que esto
verdaderamente puede pasar, lo que tu mencionas?”.
Si,
sobre esta base, el adolescente se arriesga en hipótesis a concretar sobre lo
que pudo pasar, podemos, sin tomar partido, intercambiar con él ideas generales
sobre los fenómenos humanos que él pone en juego (“Eso puede suceder, que los
adultos se suiciden, etc… qué son las razones y las consecuencias posibles para
ellos y para su familia?”). Sin embargo, a menudo, es más a través de
producciones imaginarias y simbólicas que el otro muestra que progresa en su
cuestionamiento (13). Al adulto
acompañante le toca estar atento y dialogar con él permaneciendo en el campo de
la expresión escogida (no descifrar salvajemente por supuesto!!) (Hayez y coll.,
1995).
d)
Finalmente, si se tiene la convicción que el excluido conoce « casi »
el secreto, se puede informar a los padres y volver a plantearles la
cuestión. Cuando el secreto es revelado por los padres, aún se puede hablar con el joven sobre
las motivaciones que los empujaban a este largo silencio y de lo que sentían con
respecto a esto. También se puede
hablar de las razones que el terapeuta tuvo para guardar silencio y de las
eventuales consecuencias sobre la relación de confianza.
1
- ABRAHAM N., en coll. avec TOROK M., L'écorce et le noyau, Paris,
Aubier-Flammarion, 1978.
2
- AUSLOOS G., Secrets de famille, 62-80 in Changements systémiques en thérapie
familiale, J. Haley, P. Caillé, G. Ausloos, A.J. Ferreirea, C.E. Sluzki,
E. Veron, Paris, E.S.F., 1987 (4e édition).
3
- BENOIT J.C., MALAREWICZ J.A., BEAUJEAN J., COLAS Y., KANNAS S., Dictionnaire clinique des thérapies
familiales systémiques, Paris, ESF, 1988.
4
- BACHMANN J.P., Ethique et psychiatrie de l'enfant, 3071-3084 in Nouveau traité de psychiatrie de l'enfant et
de l'adolescent, Paris, P.U.F., 1995 (2de
édition).
5
- BOUTTE J.,La responsabilité du médecin face au mineur d'âge, Journal du droit des jeunes, 1996,
151, 11-15.
6
- DIATKINE G., Chasseurs de fantômes, inhibition intellectuelle, problèmes
d'équipe et secret de famille, Psychiatrie de l'enfant, 1984, XXVII-
l, 223-247.
7
- EPELBAUM C., Collaboration avec l'école : la dimension du secret, Neuropsychiatr. Enfance Adolesc.,
1995, 7-8, 304-312.
8
- HAYEZ J.-Y., CHARLIER D., CLEMENT du CLETY S., VERVIER J.F., L'enfant à risque
de mort à brève échéance : la prise en charge de sa personne, Arch.pédiatr., 1995, 2, 589-
595.
9
- HAYEZ J.-Y., STEPHENNE F., Secrets et psychothérapies, Neuropsychiatr. Enfance Adolesc.,
1999, 10-11, 491-501.
10
- MAIRESSE A.-M., Le secret pour le meilleur et pour le pire, Neuropsychiatr. Enfance Adolesc.,
1988, 36, 11- 12, 485-492.
11
- MIERMONT J., Dictionnaire des
thérapies familiales; théories et pratiques, Paris, Payot,
1987.
12
- SELVINI M., Secrets familiaux : quand le patient ne sait pas, Thérapie familiale, 1997, 18-2,
109-205.
13
- TISSERON S., Tintin et les secrets
de famille : secrets de famille, troubles mentaux et création, Paris,
Aubier, 1996, (2e éd.).
14
- TISSERON S., Secrets de famille,
mode d'emploi, Paris, Ramsey, 1996.
Nota
(1) J.-Y. Hayez, pedopsiquiatra, doctor en psicología, responsable de la Unidad
de pedopsquiatría , Cliniques Universitaires St Luc, 10, avenue Hippocrate à
1200 Bruxelles, Belgique.
Nota
(2) : No incluiremos en nuestra definición los secretos que todo el mundo
conoce en la familia pero sin comunicar con respecto a ellos y que no se hablan
al exterior (por ejemplo : el alcoholismo del
padre).
Nota
(3). Si, quiénes son egosintónicos si él se orienta hacia la
perversión.
Nota
(4). Todos los otros no son unánimes para incluir en la categoría « secreto
de familia » a los secretos guardados por una sola persona y que conciernen
más su vida presente. Ellos
reservan la apelación de secretos conocidos por al menos un sub-grupo y que
incluyen experiencias graves y, para una parte de entre ellos, al menos,
pasadas.
Nota
(5) El conjunto de los niños o un sub-grupo precisamente
concernido.
Nota
(6). Que esté bien claro que empleo el « nosotros » para armonizarme
con la forma de conjunto del texto.
El contenido de los párrafos dos y tres constituyen sin embargo
esencialmente un testimonio personal, que se presta evidentemente a
discusión!.
Nota
(7). Podemos razonar de manera análoga si se plantea el problema de vida entre
otros tipos de compañeros por ejemplo un alumno, su profesor y/o su institución
escolar.
Nota
(8). Cuando se trata de trabajar con un adolescente, esta elección del compartir
informaciones entre A y B no es la única posible. Allí donde ellos estimen que no
hay riesgo de manipulación psicopática o perversa, A y B también pueden escoger
no decir nada sobre lo que aprenden en sesión monogeneracional, entonces, en el
momento de las “cosas en común”, también se encuentran en la misma posición que
la parte de la familia con la cual han trabajado separadamente. Les queda a mantener su
palabra!.
Nota
(9). Pasar a esta o juntarse luego no es imposible, mediante un rito de pasaje
ya sea el terapeuta B, sea un nuevo terapeuta C. Si es el caso, este nuevo módulo está
caracterizado por una confidencialidad mucho más
estricta.
Nota
(10). Para recordar, en el ejemplo
que no sirve de hilo conductor, el adolescente no sabe nada oficialmente del
suicidio de su abuelo.
Nota
(11). Incluso a veces ser asociados eventualmente, de una cierta manera (por
ejemplo como hijo y posible heredero de un enfermo mental, de un
criminal).
Nota
(12). En nuestro paradigma, B que se encuentra frente al adolescente conoce el
secreto, ya que entre A y B la comunicación es total : A y B constituyen
una persona moral y, con respecto a esto, no hay permiso de demandar a los
padres ni al adolescente.
Nota
(13). Los adolescentes pueden hacer referencia a una película, a un libro a algo
que sucedió a alguien más. Los
niños, dicen mucho en sus dibujos, sus juegos, sus historias.. por otro lado,
podemos motivarles un poco, poniendo un poco de sí en la escena, prudentemente,
uno u otro (inicio de) tema ardiente!!!
Creación
el 30 agosto 2003.
Ultima
revisión, el domingo 9 noviembre
2003.
Tomado
de un texto prestado por el profesor Jean-Yves Hayez.
DS.ds